El debate sobre migración parece empantanado después del apoyo bipartidista que obtuvo la iniciativa del Comité senatorial de Asuntos Judiciales.
Ese apoyo se ha diluido, como evidencian las numerosas modificaciones que se le quiere hacer a la propuesta inicial basada en el proyecto del demócrata Edward Kennedy y el republicano John McCain.
Los demócratas tratarán hoy de cerrar el debate y forzar a un voto a favor o en contra de la ley, pero no es seguro que cuenten con los 60 votos que necesitan para ese cierre.
El meollo del asunto es qué hacer con los alrededor de 12 millones de indocumentados que -se calcula- hay en EU.
Unos quieren que al cabo de un tiempo estos trabajadores salgan del país para recibir un nuevo visado.
A algunos les parece suficiente que vayan a un puesto fronterizo, mientras que otros exigen que regresen a sus países de origen.
De otro lado están quienes no quieren favorecer lo que definen como una amnistía a quienes han violado la ley entrando sin los documentos necesarios al país.
El problema para estos últimos es que sus deseos de deportar a los indocumentados son prácticamente irrealizables.
"No pudimos evacuar a las 200, 000 personas que estaban en Nueva Orleáns. Cómo vamos a buscar y sacar a 12 millones de personas", comparaba recientemente en una entrevista televisiva, el cardenal Roger Mohoney, de Los Ángeles.
Esas diferencias parecen ser más fuertes entre los senadores republicanos, muchos de los cuales representan circuitos electorales más conservadores y tradicionalmente menos abiertos a la inmigración.
Sin embargo, el partido de gobierno no estaría más dividido, sino que su división es "más visible", según dijo a BBC Mundo su portavoz, Hessy Fernández.
En cambio del lado demócrata habría unidad de criterio, afirmó Federico de Jesús, portavoz de John Reid, líder de los demócratas en el senado.
"Voy a citar a mi jefe, el senador Reid, cuando dijo que en algunas ocasiones los demócratas no se ponen de acuerdo ni en qué día es, pero en el tema de inmigración estamos unidos", declaró De Jesús a BBC Mundo.
Algunos consideran que la manera de destrabar el debate sería con un empuje desde la Casa Blanca. Pero dados los bajos niveles de popularidad del presidente George W. Bush, el ejecutivo no parece contar con el peso político suficiente para guiar a los republicanos.
"Yo creo que el presidente ya hizo eso. El presidente salió y dijo qué es lo que él quiere ver como reforma integral", aseguró Fernández a BBC Mundo.
En los últimos días el Presidente ha hecho referencias al tema de inmigración, aunque sin la fuerza que mostró al iniciar su segundo período en enero de 2005, cuando replanteó un visas para trabajadores temporales.
La polémica no se resolverá con la aprobación de una ley en el Senado, ya que lo que se decida deberá sintetizarse con la versión aprobada en diciembre por la Cámara de Representantes.
Esta no incluye la figura de trabajadores temporales y en cambio enfatiza los temas de seguridad y controles policiales.
Criminaliza la inmigración ilegal y el que personas o instituciones presten asistencia a indocumentados sin participar a las autoridades.
Además, autoriza la construcción de nuevos muros en la frontera con México.
El hecho de que este sea un año electoral para los legisladores añade problemas a la discusión. Toda la Cámara de Representantes y un tercio de la de senadores se renovarán en noviembre.
Por eso, cada parlamentario está pendiente del pulso de la opinión pública. El problema es que esa opinión es tan diversa como las posiciones que se han visto en el Senado por estos días.
El presidente George W. Bush, urgió al Congreso a que apruebe la reforma migratoria cuando el debate en el Senado está inmerso en una pugna partidista.
Los republicanos, divididos como están, tratan de negociar una alternativa con la que puedan lograr más adeptos, lo que se perfila como una tarea hercúlea, reconoció hoy el líder de la mayoría republicana, Bill Frist.
En diciembre, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto del republicano James Sensenbrenner que convierte en criminales a los indocumentados. Por ahora, la presencia ilegal en EU es sólo una violación del código civil.
Los legisladores a favor y en contra del programa de trabajadores temporales se han atrincherado en sus posiciones, por lo que la verdadera batalla ocurrirá durante la homologación de los dos proyectos.