En menos de un año Alvaro Uribe pasó de ser un dirigente político provinciano a candidato presidencial favorito en todas las encuestas para gobernar a Colombia a partir del 7 de agosto.
Uribe, de 49 años, casado y padre de dos hijos, es abogado, con especialización en administración y resolución de conflictos en la Universidad de Harvard. Ha militado en el Partido Liberal, la fuerza política mayoritaria de la nación.
Después de una carrera política de 30 años que le permitió ser alcalde de Medellín, la segunda ciudad de Colombia; gobernador del departamento de Antioquia y senador durante ocho años, Uribe decidió el año pasado dejar las filas liberales para presentarse como candidato presidencial por fuera de su partido.
No soy un renegado, sino un disidente que tuve que dejar el Partido Liberal para presentar directamente al pueblo mi candidatura"", dijo Uribe al inicio de su campaña que comenzó marcando apenas un 2% en las encuestas de intención de voto.
Ahora encumbrado por encima del 49% está cerca de ganar la presidencia en una sola vuelta, si alcanza el 50% más uno de los votos. Si no pasará a una segunda elección el 16 de junio, que también ganaría, según los sondeos.
La suerte de Uribe comenzó a cambiar gradualmente en la medida en que el proceso de paz adelantando por el presidente conservador Andrés Pastrana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entraba en una crisis irreversible.
Aproximarse a Uribe es una labor casi imposible: el candidato que durante la campaña presidencial sufrió un atentado con explosivos y denunció otros 15 intentos de asesinato permanece rodeado por una nube de escoltas, que lo convierte quizá en el personaje más custodiado de Colombia.
Blanco de una docena de atentados durante su vida política y declarado objetivo militar por la guerrilla comunista de las FARC, Uribe, es acompañado en sus desplazamientos por unos 120 efectivos de la policía y del servicio secreto (DAS), que se movilizan raudos en camionetas todoterreno.
A pesar que Horacio Serpa es uno de los dirigentes con mayor experiencia en Colombia, su forma de hacer política tradicional podría comprometer sus aspiraciones de ganar la presidencia en los comicios.
Serpa, de 59 años, ha sido juez local, alcalde, senador, ministro del Interior, interlocutor del gobierno con las guerrillas, procurador, constituyente y jefe del Partido Liberal.
Su bigote prominente y anteojos se han vuelto tan reconocibles, que hoy constituyen el emblema de su campaña. Aunque lleva más de cuatro décadas en política, Serpa empezó a hacerse conocido cuando copresidió la Asamblea Constituyente de 1991, que incluyó a guerrilleros desmovilizados del M-19 y Ejército Popular de Liberación.
Esta habilidad para negociar con diferentes actores, motivó al entonces presidente César Gaviria (1990-1994) a nombrarlo consejero de paz. Desde ese puesto intento sin éxito involucrar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en un diálogo.
Sin embargo, sería en el siguiente gobierno donde Serpa tuvo que mostrar su pericia frente a un enemigo de otra clase: las minorías opositoras del Congreso.
Como ministro del Interior del presidente Ernesto Samper (1994-1998) enfrentó una avalancha de acusaciones por el supuesto ingreso de fondos del narcotráfico a la campaña presidencial de su jefe. Aunque la pelea fue dura, logró sacar indemne al entonces mandatario.
En 1998, Serpa decidió dar pasos mayores y competir por la Presidencia de la República. Ganó la primera vuelta de las elecciones, pero en la segunda jornada el conservador Andrés Pastrana le arrebató la victoria, gracias al guiño de la guerrilla, que lo hizo ver como el hombre que podría traer la paz.