En un momento en que se acaba el espacio para cementerios en las ciudades y la cremación de un cadáver entraña un costo ecológico, los sepultureros belgas podrían estar aportando una controvertida solución al problema.
Los costosos entierros y las contaminantes cremaciones podrían ser cosa del pasado, si se acepta la alternativa belga: disolver el cadáver en una solución cáustica y tratar el producto de la misma forma en que se tratan las aguas residuales de una ciudad.
De hecho, estamos hablando de un proceso en el que los restos del fallecido viajan por los desagües hasta su destino final: el reciclaje en las plantas de tratamientos de aguas.
La propuesta es estudiada por la Unión Europea.