La tensión entre aborígenes colombianos que reclaman mejores condiciones de vida y la fuerza pública se recrudeció con nuevos disturbios y la detención de policías y soldados por parte de la guardia indígena, señalaron los manifestantes.
El consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), Luis Fernando Arias, denunció en declaraciones a Efe “la forma criminal como en este país se quiere someter el ejercicio legítimo de la protesta social de los pueblos indígenas”.
Arias dijo que las “represiones” se intensificaron desde primera hora de ayer, a pesar del compromiso del ministro del Interior, Aurelio Iragorri, de retirar a la policía y el ejército de los puntos de concentración de los indígenas, promesa que hizo el jueves en una reunión con líderes aborígenes en el suroeste del país.
“El miércoles en La Delfina, en la vía de Buenaventura a Cali (suroeste), tuvimos una fuerte represión que dejó 18 indígenas heridos. Y ayer (jueves) también hubo fuertes enfrentamientos entre la fuerza pública y los indígenas de la (vía) Panamericana que dejaron 15 heridos, varios de ellos disparados con armas de fuego”, agregó.
Uno de esos heridos, que recibió un impacto de bala en un ojo, fue Robinson Ascue Mestizo, de 13 años de edad y nacido en el resguardo del pueblo Nasa en Toribío, en el norte del departamento del Cauca (suroeste).
“En estos momentos se están presentando precisamente choques entre la fuerza pública y los indígenas que están en el punto de La Agustina, en la vía Panamericana, y tenemos información de que a la gente la están atacando con ráfagas de fusil y gases”, agregó el manifestante.
Según la Onic, este combate ya ha dejado al menos diez indígenas lesionados más.
Asimismo, los indígenas reportaron que en los puntos más conflictivos de los departamentos del Cauca, Valle del Cauca y del Huila hay policías, agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía (Esmad) y soldados, que a juicio de Arias “deberían estar repeliendo a los actores del conflicto y no a los indígenas”.