El nuevo presidente de Ecuador reemplazará a Gustavo Noboa, quien no tiene parentesco con el postulante bananero, y deberá lidiar con un Congreso fragmentado en el que, cualquiera sea que gane, no contará con apoyo mayoritario. Para el millonario Alvaro Noboa ser el hombre más rico de Ecuador no es suficiente, también quiere tener en sus manos el poder político de la empobrecida nación andina.
Noboa, un abogado de 52 años, promete a los ecuatorianos sacarlos de la pobreza, empleando un discurso populista que ha calado en un gran sector de este país de 12 millones de habitantes.
Antes de 1996, el dueño de la mayor fortuna del país que superaría los 1,000 millones de dólares era un virtual desconocido para la mayoría de los ecuatorianos, que en más del 60% se debaten entre la pobreza y el desempleo.
Ahora, tras una meteórica ascensión política y apoyado por un discurso de carácter populista, disputará por segunda vez la presidencia de Ecuador con el apoyo de electores de zonas pobres que lo miran como un “hombre que no necesita robar”. Con un pasado golpista a cuestas, el coronel retirado, Lucio Gutiérrez de 45 años intenta ganar la presidencia con un discurso político que conjuga la justicia social y promesas para los inversionistas extranjeros.
Gutiérrez irrumpió en la escena política en enero del 2000 al encabezar una revuelta indígena y militar que terminó con el mandato presidencial del centrista Jamil Mahuad.
La insurrección de Gutiérrez, quien estuvo detenido casi seis meses, le permitió consolidar una imagen de héroe que sacrificó su carrera militar por salvar a Ecuador de la corrupción y lo llevó a conquistar el primer lugar en los comicios del 20 de octubre.