La educación universitaria gratuita, la principal demanda de los estudiantes chilenos que se lanzaron a las calles desde el año 2011, se ha vuelto realidad para miles de jóvenes, 35 años después de haber sido suprimida por la dictadura de Augusto Pinochet.
Una educación pública gratuita, de calidad y sin fines de lucro es el eje de las movilizaciones que por cinco años han mantenido los estudiantes chilenos, que por fin han comenzado a hacerse realidad en el segundo mandato de la presidenta Michelle Bachelet.
La respuesta del gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014) a las demandas estudiantiles fue aumentar el número de becas y rebajar los créditos a los que debían recurrir los jóvenes para financiar sus estudios, todo ello sin afectar un sistema educativo inspirado en el mercado.
En esa línea, Bachelet remarcó que la gratuidad universitaria "es un derecho, no un regalo".
El pasado 21 de mayo, fecha de la cuenta anual que los presidentes de Chile presentan al país, Bachelet asumió el compromiso de hacer realidad el sueño de los estudiantes y de decenas de miles de familias chilenas, a través de uno de los proyectos de la ambiciosa reforma educativa impulsada por su gobierno.
También se han hecho realidad desde entonces el fin del lucro en la enseñanza básica y media, el fin de la selección en esos mismos segmentos y la educación obligatoria de párvulos.
"Siempre hemos creído que la educación es un derecho y que estemos avanzando con fuerza en esa dirección nos llena de alegría", subrayó la mandataria, que visitó el hogar de una estudiante favorecida con la gratuidad en el barrio santiaguino de Lo Prado.
En el primer año de vigencia de la gratuidad, unos 165 mil estudiantes podrán acceder al beneficio.
Datos
- Con la eliminación de la gratuidad, los alumnos debieron comenzar a endeudarse en el sistema financiero para pagar sus estudios, mientras muchos planteles privados redujeron las exigencias académicas de ingreso, de tal modo que la cantidad de estudiantes universitarios también se multiplicó.