El hombre que abrió fuego en el aeropuerto internacional de Los Ángeles, donde disparó contra empleados y aterrorizó a los pasajeros, consiguió dos de sus objetivos: matar a un agente de la Administración de Seguridad en el Transporte y demostrar qué fácil es introducir un arma en un aeropuerto.
El ataque mortífero de Paul Ciancia dejó a los investigadores la tarea de determinar qué motivó su odio hacia la agencia formada para garantizar la seguridad de los viajes aéreos después de los ataques terroristas de 2001, pero podría provocar cambios en el sistema de vigilancia en los aeropuertos.
Ciancia recibió cuatro disparos de los policías del aeropuerto, incluso uno en la boca, y está fuertemente sedado y en custodia en un hospital, dijo un agente de policía a la Associated Press. El agente pidió no ser identificado por no estar autorizado a hablar públicamente sobre el caso.
El FBI dijo que tenía una carta manuscrita del agresor en la que manifestó que trataría de matar a varios agentes de la TSA (siglas de la Administración en inglés) y “provocar temor en sus mentes traidoras”.
El mecánico de motocicletas desempleado que recientemente se mudó a Los Ángeles procedente de Pennsville, Nueva Jersey, fue llevado por un amigo al aeropuerto de Los Ángeles el viernes; poco después extrajo un fusil calibre 223 de su bolso y disparó, matando a un agente de la TSA e hirió a tres personas, entre ellos otros dos trabajadores de dicha agencia.
Las autoridades no creen que el amigo supiera sobre el plan del atacante. Ciancia llegó al aeropuerto en un Hyundai negro y no tenía boleto para viajar.
Ciancia enfrenta cargos de asesinato de un agente federal y de acto de violencia en un aeropuerto internacional. Los cargos podrían hacer que la fiscalía pidiera la pena de muerte. No estaba en claro cuándo podría comparecer ante la justicia debido a su estado de salud.
En documentos judiciales y entrevistas, las autoridades dijeron que Ciancia entró en la terminal 3 del aeropuerto, extrajo su fusil y efectuó varios disparos contra el agente Gerardo Hernández, de 39 años.