Científicos de la Universidad inglesa de Cambridge han vinculado los altos niveles de testosterona en el fluido amniótico de las embarazadas con el autismo, lo que puede dar paso a pruebas prenatales para identificar el desorden.
El análisis estuvo centrado en el seguimiento de la conducta de 235 niños desde el nacimiento hasta los ocho años de edad.
Los expertos encontraron que había un vínculo entre los niveles de testosterona en el fluido amniótico con comportamientos típicos del autismo -como la falta de sociabilidad y dificultades verbales- cuando los pequeños llegaban a los ocho años.
Este estudio puede dar paso a la posibilidad de recurrir a la amniocentesis, la prueba prenatal consistente en extraer una pequeña muestra del líquido amniótico que rodea al feto para examinarlo con el fin de detectar el autismo.