El bloqueo de la red social Twitter en Turquía, efectivo desde la medianoche pasada, solo parece haber tenido un efecto: disparar el uso de este servicio de micromensajes y cimentar la imagen autoritaria del primer ministro, el islamista Recep Tayyip Erdogan.
El bloqueo entró en vigor momentos antes de la medianoche del jueves, solo horas después de que el propio Erdogan prometiera “arrancar Twitter de raíz” durante un mitin en la ciudad de Bursa, donde arengó a sus simpatizantes ante las elecciones municipales del 30 de marzo.
La incoherencia no acabó allí: ayer, el vice primer ministro B lent Arin envió un tuit anunciando su agenda, tal vez sin saber que ya había bloqueo, y el alcalde de Ankara, Melih G kek, un ferviente defensor de la línea dura de Erdogan, canceló una reunión mediante otro mensaje en Twitter.