Esculturas gigantescas que atraviesan paredes, tubos de neón reflectantes y hasta los restos de una comida. Todo es posible en la galería del millonario alemán Christian Boros, una suerte de paraíso para las nuevas tendencias en arte, escondidas en un antiguo búnker de la época nazi.
De búnker oficial para servir a las fuerzas aéreas del Führer a prisión soviética del Ejército Rojo, de almacén para frutas y verduras a uno de los clubes de referencia para la música techno, este viejo edificio se encuentra en pleno centro de la ciudad de Berlín.