En ese momento, Sheperd-Barron pensó que debía haber alguna manera de tener acceso a su dinero en el Reino Unido o en cualquier parte del mundo. Fue entonces cuando se imaginó una máquina como las que venden chocolates, pero que en vez de chocolates tuviera dinero.
En el Barclays Bank se convencieron de inmediato. Allí se utilizó la primera terminal.
Como no había tarjetas de plástico, Sheperd-Barron usó cheques impregnados con Carbono14. La máquina detectaba la radioactividad y la cotejaba con un Número de Identificación Personal (PIN, por sus siglas en inglés).
No todo salió bien al principio. Las primeras máquinas fueron destruidas por vándalos.
Sin embargo, el invento cambió la estructura bancaria de la época e hizo realidad algo que ahora nos parece tan normal como poder disponer de autoservicio financiero las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana.