Un nuevo impulso a la unidad de los cristianos
- Cincuenta años después de que Pablo VI y Atenagoras I pusieran coto a la animadversión entre católicos y ortodoxos, sus sucesores en la silla de Pedro, el papa Francisco, y en el trono de Constantinopla, Bartolomeo I, renovaron una apuesta por la unidad que ambos creen perentoria en tiempos de tribulación.
- El encuentro, que arrancó en la sede patriarcal de la ciudad vieja de Jerusalén, donde ambos firmaron una declaración conjunta, y prosiguió después sobre la imponente cúpula del Santo Sepulcro, era -según el Vaticano- el hito de la peregrinación que Bergoglio inició en Ammán y que también le llevó a Belén.
- El papa llegó al casco antiguo de la ciudad santa muy cansado, de la mano del custodio de Tierra Santa, Pierbattista Pizzabala y del patriarca latino, Fuad Twal, tras una misa multitudinaria en Belén y un viaje en helicóptero a Tel Aviv por motivos diplomáticos, pese a que solo 8 kilómetros distan del corazón de Jerusalén a la ciudad en la que nació Jesús.
- Ingresó por la Puerta Nueva y atravesó las recónditas calles del barrio cristiano, casi desiertas a causa de las estrictas medidas de seguridad israelíes.
El papa Francisco condenó el ataque que costó la vida a cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas e instó, a su llegada a Israel, a israelíes y palestinos a aplicar la solución de los dos Estados para poner fin al sufrimiento en la región.
El pontífice, que llegó a Tel Aviv procedente de la ciudad palestina de Belén, hizo una condena enérgica del antisemitismo en el discurso pronunciado ante el presidente Shimon Peres y el primer ministro Benjamín Netanyahu, que le recibieron en la pista.
Francisco, que había llegado en un helicóptero jordano procedente de la ciudad palestina de Belén, se mostró “profundamente dolido” por la pérdida de vidas en un ataque que calificó de “crimen de odio antisemita”. Minutos antes, en sus respectivos discursos de bienvenida, tanto el presidente israelí como el primer ministro condenaron los hechos y agradecieron al papa “su postura sensible y firme” en la lucha contra el antisemitismo.
“No hay peor que el odio ciego”, recordó el presidente israelí al exhortar a la tolerancia y referirse también a los recientes ataques anticristianos por parte de nacionalistas judíos.
La Policía israelí arrestó la pasada madrugada a 26 nacionalistas judíos que se habían atrincherado desde la noche del sábado en el lugar en el que la tradición judía marca la ubicación de la tumba del rey David.
Alrededor de 150 radicales se adentraron en el recinto para protestar por la visita del papa y la posibilidad -negada por el Gobierno israelí- de que la parte superior, donde se haya el Cenáculo, sea transferida al Vaticano.
La Policía evacuó a los activistas de madrugada después de una redada en la que los agentes fueron apedreados.
Por su parte, Netanyahu, que recibió a Francisco con un “bienvenido a Israel” en español, le dijo que trae “el espíritu de la reconciliación y la paz de muchos cristianos por el mundo, y de muchos otros que no son cristianos, pero que se apegan a su espíritu humanista”.
Francisco también mencionó su visita al Museo del Holocausto como uno de los momentos más “intensos” de este peregrinaje y dijo que ese oscuro episodio de la historia es el “símbolo de hasta dónde puede llegar la maldad del hombre cuando, alimentada por falsas ideologías, se olvida de la dignidad fundamental de la persona”.
El pontífice apeló igualmente en su discurso a la necesidad de “retomar, siempre con audacia y sin cansarse, el camino del diálogo, de la reconciliación y de la paz” para que israelíes y palestinos vivan con normalidad, porque “no hay otro camino”.
“Así pues, renuevo el llamamiento que Benedicto XVI hizo en este lugar: que sea universalmente reconocido que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad dentro de unas fronteras internacionalmente reconocidas”, subrayó.
“Y que se reconozca igualmente que el pueblo palestino tiene derecho a una patria soberana, a vivir con dignidad y a desplazarse libremente”, precisó, en cerrada defensa de la solución de los dos Estados.
Además, mostró su pesar por el hecho de que Jerusalén, la urbe histórica de las tres religiones monoteístas, no sea la ciudad de la paz esperada.
“Desgraciadamente esta ciudad padece todavía las consecuencias de largos conflictos.
Todos sabemos que la necesidad de la paz es urgente, no solo para Israel, sino para toda la región. Que se redoblen, por tanto, los esfuerzos y las energías para alcanzar una resolución justa y duradera de los conflictos que han causado tantos sufrimientos”, concluyó.
Invitación
El papa Francisco obtuvo una importante victoria moral ayer, al lograr que los presidentes israelí y palestino aceptaran visitarlo en el Vaticano el mes próximo para analizar los asediados intentos de paz.
Las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos se interrumpieron a fines de abril y no se habían programado reuniones de alto nivel por el resto del año.
El pontífice argentino, que tomó el nombre de san Francisco de Asís, símbolo de la paz, llegó a Belén, la cuna del cristianismo, en un aval simbólico a las aspiraciones palestinas de un Estado propio.
Afirmó que el estancamiento en las gestiones de paz en la región era “inaceptable” y se detuvo brevemente a orar frente a la barrera de separación que los israelíes erigieron en torno de esta ciudad bíblica.
Al término de una misa al aire libre en la Plaza del Pesebre, en Belén, el papa invitó al presidente palestino, Mahmud Abbas, y el presidente israelí, Shimon Peres, a orar junto con él por la paz.
“Ofrezco mi hogar en el Vaticano como lugar para este encuentro de oración”, les dijo.
Las oficinas de los dos presidentes confirmaron rápidamente que aceptaban la invitación papal.
“Saludamos la invitación del papa Francisco al Vaticano. El presidente Peres ha apoyado y seguirá apoyando todas las vías conducentes a la paz”, señaló la oficina de Peres en una declaración. El vocero de Abbas, Nabil Abu Rdeneh, afirmó que la cumbre tendrá lugar en algún momento en junio.
Peres, de 90 años, premio Nobel de la paz, dejará su cargo pronto y la reunión tendría lugar poco antes de su alejamiento.