Por primera vez en sus 23 años de pontificado, el papa Juan Pablo II, presidió, sin recorrerlo, el Vía Crucis del Viernes Santo, permaneciendo la mayoría del tiempo sentado en el trono papal, instalado frente al Coliseo de Roma. Debido a sus problemas de salud, agravados desde hace semanas por una artrosis en la rodilla derecha, el Papa no pudo recorrer ninguna estación del Vía Crucis, la ceremonia de la Pascua católica que conmemora la pasión de Cristo y sostuvo con dificultad la cruz sólo al final, por unos cinco minutos.
El Papa, con voz incierta y entrecortada, improvisó una meditación sobre la muerte de Cristo y sobre la esperanza que suscita la resurrección. "El domingo, el que fue crucificado y sepultado saldrá de la tumba. Nosotros lo esperamos, al salvador del mundo", dijo.
Desde que fue elegido Papa, en octubre 1978, Juan Pablo II ha siempre cargado con la cruz, que pesa 3,5 kilos. El Papa, por orden de sus médicos, se moviliza sólo en autómovil, sobre tarimas móviles o sobre una silla de ruedas. Ayer, por primera vez fue visto en público con un andador, el cual suele usar en sus apartamentos privados para los pequeños desplazamientos.
Mientras, en Brasil, el obispo de diócesis brasileña de Sao Félix do Araguaia, el español Pedro Casaldáliga, afirmó que el Papa debería renunciar, como hacen los obispos, para renovar a la Iglesia, según una entrevista publicada ayer por el semanario "Istoé".
"La jubilación es obligatoria cuando el obispo cumple 75 años. Y creo que debería ser antes, para dar espacio a gente nueva. Sería bueno que el Papa también renunciase, porque los cargos vitalicios no son muy oportunos", dijo el prelado. "El Papa, los obispos y los sacerdotes también son humanos. No queremos abusar del Espíritu Santo", anotó.