El esqueleto de saurio completo más grande del mundo, de 150 millones de años, se presentó de nuevo ante el público berlinés, así como una parte del museo que lo alberga y que fue sometido a un profundo lavado de cara de corte pedagógico para adaptar su colección a las nuevas tecnologías y los nuevos tiempos.
El fósil estrella de la ciudad, que "creció" hasta los 13.27 metros después de que se corrigieran unos errores de montaje en sus rodillas, y los dinosaurios tuvieron que compartir la admiración de los visitantes con nuevos artilugios, como pantallas táctiles, animaciones por ordenador o esferas planetarias brillantes.
Centenares de personas abarrotaban las entradas del museo desde antes de su apertura, lo que ha contribuido a la fascinación de los berlineses por el braquiosaurio, que llegó a la ciudad en 1937.
La nueva exposición multimediática, que abarca el ala oeste del edificio, supuso una inversión de 24.8 millones de dólares, mientras que la modernización del resto, que comenzará en 2009, dispondrá de un presupuesto de más 110.2 millones de dólares.
La modernización del Museo de Historia Natural es un proyecto antiguo, ya que el recinto quedó seriamente dañado tras la Segunda Guerra Mundial, que contribuyó a mitificar al gigantesco reptil que no sólo sobrevivió a la extinción de su especie sino, como muchos de sus vecinos, también a la batalla de Berlín (1945).
"Es como reencontrarse con un viejo amigo, al que hace tiempo que no ves, pero que ahora se presenta rodeado de artilugios tecnológico. Pero sigue siendo el mismo, el que mi madre me traía a ver cuando era pequeña", comentó Anna, una berlinesa de 41 años, que acudió con sus hijos al museo.
La exposición, con el título de "Evolución en acción", aprovecha el tirón mediático del imponente saurio para presentar un concepto decididamente pedagógico que combina conocimiento, aprendizaje y diversión y en el que los carteles de "no tocar" en las vitrinas son cosa del pasado.
Los fósiles se presentan al alcance de la mano en paneles de cristal translúcido que anteponen expresividad a la abundancia.
Así, en lugar de una proliferación de piezas, el visitante accede a las más impresionantes, en las que se distingue a la perfección cada hueso impreso en roca de seres prehistóricos como lagartos, peces o serpientes.
Incluso una pequeña instalación recrea para los más pequeños un yacimiento en miniatura con huesos a medio descubrir y utensilios arqueológicos junto a los restos.
En la sala en donde se exhibe el gran saurio se ha traducido la información arqueológico a un idioma interactivo que permite aprender de los detalles, como a través de una comparativa de tamaños de dientes o de simulaciones por ordenador que recrean los movimientos de las placas tectónicas, así como la evolución de los dinosaurios.