En el hospital Roosevelt, el más importante de Guatemala, apenas hay suministros de suero para un mes y pañales de adulto para menos de una semana.
La crisis de desabastecimiento que afecta desde hace días al sistema sanitario guatemalteco se cobra ya sus primeras víctimas: los pacientes.
Minutos después de las once de la mañana, una enfermera de uniforme azul, desteñido ya por los lavados, se acerca a los bancos de madera en los que se atiende a los pacientes venidos del interior del país.
Cuando termina de hablar, un joven, con la cara enrojecida, rompe a llorar: su padre acaba de morir.
Hace días que las familias más pobres del país, a menudo indígenas, no pueden hacer frente a los gastos médicos que requiere el tratamiento de sus seres queridos.
Deuda
Cuando los hospitales se quedaron sin suministros a causa de la deuda que arrastran con los proveedores, los galenos pidieron a las familias que adquirieran los medicamentos que necesitaban para atender a los pacientes. Hoy, muchos ya no pueden pagar más.
"Mi sobrino ingresó hace una semana con un problema en la cabeza, lo operaron y tuvo una infección. Mi hermana ya no puede pagar más las medicinas que precisa", relató Estela Vahíl, quien no pierde de vista las puertas por las que salen los médicos. Espera malas noticias.
Hace casi 20 días que las consultas externas del hospital Roosevelt permanecen cerradas por falta de insumos: 28 medicamentos básicos están ya agotados a causa de la deuda de 120 millones de quetzales (15.7 millones de dólares) que el centro mantiene con sus proveedores.
Solo para terminar el año, el hospital necesitaría unos 60 millones de quetzales (unos 7.8 millones de dólares).
"Desde septiembre de 2014 estamos en una situación de colapso total", aseguró el doctor Cáceres, portavoz de la plataforma en defensa de la sanidad pública que esta misma semana convirtió el centro de la capital en un "grito desesperado".