La búsqueda de una mejor calidad de vida obliga a que miles de personas arriesguen sus vidas en una peligrosa travesía por el mar Mediterráneo.
Barcazas cargadas de inmigrantes provenientes de Somalia, Eritrea, Libia, Túnez y Siria llegan diariamente a la pequeña isla siciliana de Lampedusa, en Italia.
En las últimas semanas, más de 300 personas han muerto por el naufragio de dos embarcaciones. El primero ocurrió el 3 de octubre, cuando medio millar de somalíes y eritreos cayó al mar después que se registró un incendio en el barco.
De ellos, solo 155 lograron salvarse, incluyendo al supuesto traficante que llevó a los indocumentados desde Libia a las aguas de Lampedusa.
Ocho días después se repitió la tragedia en aguas maltesas, donde al menos 50 personas perdieron la vida al hundirse su embarcación.
En su desesperación, por la guerra civil y la represión política, los inmigrantes pagan entre 1,000 y 2,000 dólares para viajar en botes que no están preparados para atravesar el mar Mediterráneo y que están cargados más allá de su capacidad.
En ocasiones, los inmigrantes son abandonados por los traficantes, si estos se sienten acorralados por la Policía. Incluso se arriesgan a ser torturados, violados y encarcelados.
De acuerdo con la Agencia de la ONU para Refugiados (Acnur), los traficantes son capaces de dejar a las personas a bordo varios días sin agua durante los largos viajes y de obligarlas a saltar antes de llegar a las playas, por lo que muchos se ahogan a pocos metros del destino al no saber nadar.
Se estima que la isla de Lampedusa acoge unos 1,000 inmigrantes al día, sin embargo, la capacidad del centro de acogida apenas llega a las 250 plazas.
Pero llegar con vida a tierra firme es apenas la mitad del camino para los inmigrantes ilegales en Lampedusa, debido a que en Italia aún rige la Ley de Seguridad e Inmigración que fue sancionada por el ex primer ministro Silvio Berlusconi.
La normativa considera que la inmigración ilegal es un delito, estipula multas de entre 5 mil y 10 mil euros (entre $6 mil y $13 mil ) para los sin papeles y castiga con la cárcel a los italianos que les alquilen una vivienda o les den trabajo.
Esa medida, y la Ley Bossi-Fini de 2002, también complican la situación legal de los pescadores que auxiliaron a los sobrevivientes en Lampedusa.
En el resto de la Unión Europea (UE) el escenario tampoco es alentador. La Directiva de Retorno, sancionada por el bloque en 2008, establece que los indocumentados serán deportados entre siete y treinta días y que, transcurrido ese plazo, las autoridades pueden internarlos hasta 18 meses en centros de retención.
Si bien la UE anunció que daría 30 millones de euros para el cuidado de los refugiados en Lampedusa, no ha tomado una decisión contundente en cuanto a la migración ilegal al continente.
Según las normas actuales, es el país donde ingresan los inmigrantes el que debe ocuparse de ello. Esta regla afecta directamente a Italia, ya que por sus fronteras más vulnerables recibe a más ilegales.
Alemania rechaza por ahora un cambio en la forma de distribución de los inmigrantes y refugiados que llegan a países como Italia.
Defensores de los derechos humanos en el continente consideran injusto que un pequeño grupo de países asuma toda la carga, ya que Grecia y España también reciben una gran cantidad de inmigrantes.
Mientras espera una ayuda efectiva de parte de la UE, Italia desplegó una misión militar humanitaria que patrulla el Canal de Sicilia.
En la operación de vigilancia y socorro en el Mediterráneo se utilizan aviones no tripulados y helicópteros con instrumentos ópticos e infrarrojos.
Por primera vez se utilizará una nave anfibia, que tiene la capacidad de ejercer el mando y control con helicópteros de largo alcance, capacidad hospitalaria, espacios amplios para el ingreso de los posibles náufragos, además de otras cuatro naves de la Marina (dos patrullas y dos fragatas), y otros vehículos.
Principales rutas
Existen cuatro rutas migratorias clandestinas en el sur de Europa. Una de ellas es la ruta de África Occidental, que es utilizada por ciudadanos de Mali, Mauritania y Guinea-Bissau; mientras que la del Mediterráneo Occidental es la elegida por la mayoría de marroquíes y argelinos. La ruta del Mediterráneo Central tiene su origen en el Golfo de Guinea y en el Cuerno de África y como destino final Malta y las islas Pelágicas, principalmente Lampedusa.
También se utiliza la ruta del Mediterráneo Oriental, que sigue siendo la más importante en cuanto al volumen de inmigrantes irregulares a través de las fronteras terrestres y marítimas (Grecia), utilizadas por ciudadanos de Afganistán, Pakistán, Irak y Somalia.
El éxodo ilegal hacia Europa por vía marítima es un problema de muchos años, y los países más afectados abogan para que se cambien las normas de la UE, antes de que el Mediterráneo se convierta en un cementerio de inmigrantes.