Hay personas que noche tras noche duermen menos de las ocho horas habituales y a la mañana siguiente están frescas. Ahora, un grupo de investigadores cree que el misterio de esa característica, tantas veces envidiada por los más dormilones, responde a razones genéticas. El estudio sugiere que algunas personas están "programadas genéticamente" para necesitar menos horas de sueño.