El escándalo del "Watergate", una de las crisis más graves de la historia de EE.UU., estará siempre ligado a la presidencia de Gerald Ford, quien fue el encargado de poner los paños calientes a la nación tras este drama político.
El escándalo, que recibe su nombre de un complejo urbanístico de la capital estadounidense, estalló una noche de junio de 1972 cuando cinco hombres, en principio "presuntos ladrones", fueron detenidos a la entrada de la sede del Comité Nacional Demócrata.
Se trataba de Bernard Barker, Virgilio González, Eugenio Martínez, James W. McCord y Frank Sturgis.
Todos ellos fueron acusados de haber entrado en la oficina para hurtar documentos y pinchar teléfonos y su intrusión tenía como meta recoger una serie de archivos de los demócratas sobre las relaciones comerciales entre Donald Nixon, hermano del entonces presidente Richard Nixon, y el multimillonario estadounidense Howard Hughes.
La implicación de todos ellos y su identidad fue el centro de una madeja que se fue desenmascarando gracias a dos periodistas del diario "The Washington Post" Carl Bernstein y Bob Woodward.
A partir de las informaciones de ambos, filtradas en gran parte por un gran desconocido apodado "Garganta Profunda", se encargó de investigar el caso la justicia de EE.UU., así como una comisión de investigación del Senado que fue televisada en 1973.
La comisión llegó a la conclusión de que varias personas del círculo de Richard Nixon eran los culpables de lo ocurrido en el "Watergate" de Washington, un año antes.
Además se puso de manifiesto que el presidente Nixon había mentido para ocultar su implicación en el caso y que intentó evitar que la investigación se hiciera con las cintas en las que estaban grabadas conversaciones en el Despacho Oval sobre los hechos.
Tras todo ello, Nixon no pudo defenderse durante mucho tiempo más y optó por dimitir el 9 de agosto de 1974, dos años después de que comenzara todo y justo cuando iba a comenzar su juicio de destitución.
Fue entonces cuando entró en juego Ford, quien nada más asumir la presidencia perdonó a Nixon y, en consecuencia, se frenaron todos los procesos en marcha contra su persona.
Siempre tuvo fama de hombre afable y honesto, que perdonó a su predecesor aún y cuando esto podía -como así ocurrió- costarle la renovación de su permanencia en la Casa Blanca.
Nixon se vio forzado a dimitir después de que el rotativo "The Washington Post" revelase su participación en el caso de escuchas ilegales a la oposición demócrata, provocando una enorme crisis.
Buena parte de la opinión pública exigía entonces que Nixon pagase por sus actos, pero Ford optó por exonerarlo, una medida muy impopular en su momento que lo llevó a perder las elecciones de noviembre de 1976 frente a Jimmy Carter, pero que después ha sido considerada como "acertada" por un buen número de historiadores.