Las elecciones presidenciales y gubernamentales de hoy, suponen una "prueba de fuego" para la democracia en Nigeria y podrían influir positivamente en las crisis que afectan a países vecinos, desde Liberia a Costa de Marfil.
El actual presidente, Olusegun Obasanjo, parte como claro favorito, sobre todo después de que su Partido Democrático Popular ganara la mayoría absoluta en ambas cámaras del Parlamento en las legislativas del sábado pasado.
Su rival más cercano es el ex líder golpista que mandó en 1984-85, Muhammadu Buhari, del Partido de Todos los Pueblos de Nigeria (PTP) y destacado representante de la comunidad musulmana, que supone la mitad de los 130 millones de habitantes del país.
El PTP ha puesto en duda la limpieza del recuento en las elecciones del sábado pasado y ha amenazado con protestas masivas en causa de fraude en los comicios de mañana, en que se eligen también los gobernadores de los 36 estados que componen Nigeria.
Obasanjo, por su parte, ha advertido a Buhari que tomará "medidas propias" si el PTP intenta buscar apoyo entre las fuerzas de seguridad. El desenlace del proceso electoral en Nigeria -el país más populoso de Africa, con una extensión de cerca de 930.000 kilómetros cuadrados y dotado de abundantes recursos petrolíferos- será seguido con interés por sus vecinos.