El presidente George W. Bush recibió ayer al enviado especial del Papa Juan Pablo II, cardenal Pio Laghi, quien fue portador de un mensaje pidiéndole no declarar una guerra contra Irak, pero la Casa Blanca hizo todo lo posible para minimizar la importancia y la repercusión de la entrevista.
El portavoz presidencial, Ari Fleischer, anunció de antemano que el presidente no haría ninguna declaración después de la entrevista con el enviado del Vaticano en la Sala Oval.
El cardenal Laghi, antiguo nuncio apostólico en Washington durante los años 80, es un amigo del ex presidente Bush, padre del actual presidente de EU, quien dirigió la Guerra del Golfo contra Irak en 1991.
Mientras tanto, el Papa Juan Pablo II instó ayer a todas las personas, incluyendo a los líderes mundiales, a asumir su responsabilidad y hacer todos los esfuerzos posibles para evitar a la humanidad lo que calificó de "un conflicto dramático" en Bagdad.
El Papa, de 82 años, hizo su apelación durante su audiencia pública general, al comienzo del Miércoles de Ceniza, el primer día de la Cuaresma, día de paz.
"Todo el mundo tiene que asumir su responsabilidad y hacer un esfuerzo común para salvar a la humanidad de otro conflicto, expresó.