La salida de prisión del narcotraficante colombiano Gilberto Rodríguez Orejuela, jefe principal del disuelto cartel de Cali, se convirtió ayer en un misterio, tras salir de la cárcel por “pena cumplida”, a sólo siete años de su detención.
Rodríguez Orejuela, preso en la cárcel de Cómbita (departamento de Boyacá, centro), estaba listo para salir gracias a un recurso de hábeas corpus concedido por una jueza de Tunja, ciudad capital de esa región situada 160 kilómetros al norte de Bogotá.
Mientras tanto, el Gobierno calificó la liberación del capo como una vergüenza internacional para Colombia y anunció revisiones a las leyes que conceden “penas irrisorias” como las aplicadas a los jefes de “la mayor organización criminal del mundo”.
Frente a la puerta del penal, automóviles y escoltas, además de decenas de periodistas, esperaban a Rodríguez Orejuela en medio de un fuerte dispositivo de seguridad.
Sin embargo, siete horas después de que entraran en la prisión los funcionarios judiciales que debían notificarle su salida, se desconocía la suerte de Rodríguez Orejuela, cuya libertad, según fuentes oficiales, se demoró porque estaba en “exámenes médicos y siquiátricos” de rutina.
Empero, emisoras locales especularon sobre la posibilidad de que el retraso en la salida del narcotraficante se debía a recursos de última hora del Ejecutivo para impedirlo o a intentos de Estados Unidos para conseguir su extradición.
Según dichas versiones, un avión del Departamento Estadounidense Antidrogas (DEA) llegó a Colombia en aparente conexión con la situación de Rodríguez Orejuela.
La jueza Moncada le concedió el beneficio a Gilberto Rodríguez Orejuela, de 62 años, pero lo negó para su hermano Miguel, de 59 años, que tiene pendientes otros cuatro años por intento de soborno a los jueces.