No hay látigos a la vista, gritos ni espuelas. Ni siquiera una mano firme en las riendas, pero Martín Tatta consigue de alguna forma que su querido Milonga le regale proezas acrobáticas, desde paradas de mano hasta otras poses más extraordinarias que ni siquiera los caballos mejor domados son capaces de realizar.
Ayudándose con toques delicados y unos cuantos arrumacos, parece que Tatta es capaz de influir en sus corceles para que hagan casi cualquier cosa. En el pueblo argentino de San Antonio de Areco, Tatta es conocido como “El encantador de caballos”.