La energía solar se afianza como la alternativa para suministrar luz a los hogares del medio rural de Camboya, país en el que los más pobres consideran que es casi un lujo tener electricidad.
En los albores del siglo XXI, numerosas aldeas del país indochino comienzan a experimentar las ventajas de la energía eléctrica, gracias a los paneles solares que distribuyen varias organizaciones no gubernamentales para paliar la falta de recursos para mejorar y extender la obsoleta red eléctrica.
La danesa Picosol es una de esas organizaciones que está donando paneles solares para su instalación en lugares públicos como pagodas o escuelas, centros sanitarios y en comunidades alejadas de los principales núcleos de población.
"La idea es que vean que se puede obtener electricidad más barata con los paneles y comiencen a usarlo también en sus casas", asegura Mira Weber, directora de la organización en Camboya.
Cerca del 80% de la población camboyana carece de acceso a la red eléctrica y para disponer de energía utiliza baterías o generadores, más caros y contaminantes.
Esto hace que el precio de la luz se dispare desde los 0.25 dólares por kilowatio que cuesta en las urbes, hasta los 0.80 dólares en el medio rural.
Ok Yon tiene electricidad desde hace cuatro meses en su pequeña casa que sirve de refugio para las monjas de la pagoda de Dam Bav Chrum en el centro de Camboya.
"Antes teníamos un generador que no funcionaba bien. Ahora siempre tenemos luz, día y noche", afirma orgullosa.
Siete bombillas dan luz a la casa, una pequeña estructura de madera sobre pilotes que aguantan un salón que ni siquiera tiene paredes.
La pagoda de Dam Bav Chrum está situada en un pequeño islote que sobresale entre los campos de arroz, a unos 40 minutos en automóvil de la carretera principal.
Ningún cable llega hasta la zona, lo que ha hecho de esta pagoda un punto de referencia en el distrito de Sre Ampil.