Las enfermeras Kristiana Valcheva, Nasia Nenova, Valia Cherveniashka, Valentina Siropulo y Snezhana Dimitrova, y el médico palestino Ashraf al Hadzoudz, al que le fue concedida recientemente la ciudadanía búlgara, regresaron a su país en un avión oficial francés.
Con ellos volvió también el doctor Zdravko Georgiev, marido de Kristiana, quien estuvo encarcelado aunque fue absuelto en 2004 cuando los demás fueron condenados a la muerte.
"Tras ser detenida, me trataron de una manera horrible, me pegaron, me dieron puñetazos y torturaron con la electricidad, me colocaron electrodos en las manos, hasta que me obligaron a confesar", explicó la enfermera Valentina Siropulo.
Las cinco enfermeras y el médico de origen palestino fueron condenadas a muerte y después a cadena perpetua por ser considerados culpables de contagiar con el virus del SIDA a a más de 400 niños en un hospital libio.
"Yo soy completamente inocente. No se porqué la policía me eligió a mi para esta acusación. Estos ocho años en la cárcel han sido muy duros y larguísimos, ahora sólo quiero olvidar", dijo.
"Después de ocho años he podido ver a mis hijos y estamos contentísimos. No podemos dejar de llorar por la alegría", añadió.
La liberación fue posible después de años de negociaciones entre Bulgaria, la Comisión Europea y Libia, y de que los familiares de los niños renunciaran a la pena de muerte tras percibir un millón de dólares por familia.
La clave del acuerdo promete la normalización de las relaciones diplomáticas entre Europa y Libia.
Del grupo de más de 400 niños infectados con VIH en un hospital de Benghazi en 1998, medio centenar ha fallecido.