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Entierran osamentas de víctimas de abusos médicos


Las autoridades del gobierno japonés sellaron ayer una tumba con centenares de fragmentos de osamentas humanas, presumiblemente para acallar un debate sobre experimentos humanos conducidos por el Ejército Imperial en la Segunda Guerra Mundial.
Puede que el gobierno japonés esté empeñado en mantener los restos en su nuevo lugar de descanso, un obelisco negro de granito de un metro de alto frente a un edificio del Ministerio de Salud, en el centro de Tokio.
Algunos investigadores creen que los cráneos y huesos fragmentados son los restos de un centenar de prisioneros que murieron en experimentos biológicos conducidos por la Unidad 731 del ejército imperial japonés en el norte de China.
Aunque el origen de las osamentas es una incógnita, el ministerio sostuvo que era adecuado brindarles un descanso eterno después de más de 10 años de estar juntando polvo en un depósito de Tokio.
111 Los huesos pasaron a ser objeto en disputa entre el gobierno y quienes querían exhumarlos para conocer la posible causa de las muertes.
"Son restos humanos, no un objeto cualquiera. Corresponde tratarlos respetuosamente"", dijo un funcionario del ministerio, Makoto Haraguchi, luego de la ceremonia.
Los fragmentos óseos, algunos de ellos con muescas producidas por cuchillos, orificios de bala y de taladros, suscitaron sospechas cuando fueron exhumados en 1989 en el lugar que ocupó la escuela de medicina en tiempos de guerra.
Se cree que la Escuela de Medicina del Ejército controló la tristemente célebre Unidad 731 en Harbin, China, que según historiadores y ex miembros del grupo inyectaba a los prisioneros de guerra tifus, cólera y otras enfermedades para investigar la guerra biológica.


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101 años de Panamá América

 
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