La escasez mundial de agua nace de la desigualdad, la pobreza y el poder, no de la disponibilidad física, afirma el Informe sobre el Desarrollo Humano 2006 presentado por el PNUD. El estudio se centra en la crisis cada vez más grave del acceso al agua y propone soluciones, a fin de que los intereses de los pobres se constituyan en el eje de la gestión de los recursos.
"La crisis del agua radica en la pobreza, la desigualdad y las relaciones desiguales de poder, así como en las políticas cerradas de gestión del agua que agravan la escasez", mantiene el documento presentado en Ciudad del Cabo (Sudáfrica).
Desde 1990, el PNUD desempeña un papel importante en la ampliación del debate sobre el desarrollo, explorando temas como la igualdad de género, la democracia, los derechos humanos, la globalización y la diversidad cultural.
En su nuevo estudio, trata de las profundas repercusiones que tiene la crisis del agua para el potencial humano y el avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que es "una meta mundial para superar la pobreza extrema y extender la libertad humana" que debería alcanzarse para 2015.
Si bien en términos generales el mundo va en la buena dirección para lograr la meta del agua, las cifras globales ocultan grandes variaciones regionales y nacionales.
Así, conforme a las tendencias actuales, Africa subsahariana alcanzará la meta de agua en 2040 y la de saneamiento en 2076.
Al observar las cifras por países, 55 naciones registran un retraso al respecto y 234 millones de personas no alcanzarán la meta de agua.
Aunque el acceso al agua para la vida es una necesidad humana básica y un derecho fundamental, añade el documento, más de 1.000 millones de personas se ven privadas de agua limpia y 2.600 millones no tienen acceso a un saneamiento adecuado.
Entre otros datos relevantes, se calcula que cada año mueren 1, 8 millones de niños a consecuencia directa de diarreas y otras enfermedades ocasionadas por agua sucia y por su saneamiento insuficiente, por lo que desde comienzos de este siglo "el agua sucia es la segunda causa de muertes infantiles en el mundo".
El PNUD denuncia que pocos son los países que abordan la cuestión del agua como fundamental.
Algunas de las personas más pobres del planeta pagan el precio más alto y, así, el 20 por ciento de los hogares más pobres gasta el 10 por ciento de sus ingresos en este bien, el cual fomenta la desigualdades de género, culturales y laborales.
"Diariamente, millones de mujeres y niños recogen agua para sus familiares, un ritual que refuerza las desigualdades de género en los ámbitos del empleo y la educación", explica.
Ante todo ello, expone ocho razones para que el mundo actúe a favor del agua y del saneamiento y plantea por qué deberían obrar los gobiernos y de qué manera.
Los motivos para esa actuación son erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la educación primaria universal, promover la igualdad de género y la autonomía de la mujeres, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades, fomentar una asociación mundial para el desarrollo y garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
Los síntomas de la explotación en exceso son alarmantes: los ríos están secándose, los niveles de la capa frenética disminuyen y los ecosistemas dependientes del agua sufren una rápida degradación.
El informe de PNUD alerta de que "el mundo está acabando con uno de sus recursos naturales más valiosos y está acumulando una deuda ecológica insostenible, que heredarán las futuras generaciones".
"Carecer de acceso al agua y saneamiento -agrega- es un eufemismo políticamente correcto para hablar de una privación que amenaza la vida, destruye las oportunidades y socava la dignidad humana".
A pesar de esta realidad pesimista, los autores del estudio no concluyen con una idea de desesperación, pues "las pruebas demuestran que podemos ganar esta batalla", afirma en la introducción del informe el administrador del PNUD, Kemal Dervic.