El Pentágono y la agencia espacial de EE.UU. NASA observaban ayer los escombros dispersos después de la colisión, sin precedentes, de un satélite estadounidense y otro ruso y que podrían causar problemas a la Estación Espacial Internacional (EEI).
La Red de Vigilancia Espacial del Pentágono detectó la colisión, el martes a unos 790 kilómetros de altura sobre Siberia, del satélite ruso Cosmos 2251 y un satélite de la empresa estadounidense Iridium.
La EEI, un proyecto de 100,000 millones de dólares en el que participan 16 naciones, tiene actualmente tres astronautas a bordo y orbita en una franja de 355 a 390 kilómetros de la Tierra.
La colisión, la primera de dos satélites sin desperfectos, parece haber dispersado el mayor volumen de escombros orbitales desde que China destruyó uno de sus satélites meteorológicos en 2007 en una prueba de armas espaciales.
La NASA informó que se necesitará más tiempo para determinar si los trozos de los dos satélites destruidos causarán problemas a la EEI y a otras naves.
"Seguimos con cuidado la trayectoria de más de 500 trozos de escombros que puedan presentar un riesgo adicional a otros satélites", manifestó el teniente de la Marina Charlie Drey, portavoz del Comando Estratégico de EE.UU. que supervisa la Red de Vigilancia Espacial.
Por su parte, la firma Iridium destacó en un comunicado que debido a la colisión anticipaba interrupciones en sus servicios y precisó que ha tomado "acciones inmediatas para minimizar cualquier pérdida de servicio".