Fuerzas españolas expulsaron ayer a seis soldados marroquíes de un islote disputado en la costa mediterránea de Marruecos, sin disparar un tiro, en una acción que Rabat calificó como una "agresión".
En la operación antes del amanecer, 28 efectivos de las fuerzas especiales descendieron en helicópteros, avanzaron hasta la cúspide del islote y demandaron mediante megáfonos la rendición de los marroquíes, dijeron las autoridades españolas.
Madrid dijo que la operación fue un acto de defensa propia, después que los marroquíes establecieron un campamento la semana pasada y colocaron la bandera de su país en el deshabitado islote de Perejil, llamado Leila por Marruecos.
"España fue atacada en una parte muy sensible de su geografía", dijo el ministro español de Defensa, Federico Trillo.
La importancia de la pequeña isla se extiende mucho más allá de sus 300 metros por 500. Perejil, a sólo 200 metros de la costa mediterránea de Marruecos, está a seis kilómetros del enclave español de Ceuta en el norte de Africa, por mucho tiempo codiciado por Rabat.
Poco después de la operación militar, los colores nacionales de España, rojo y amarillo, podían verse ondeando sobre el disputado islote, mientras desconcertados marroquíes, sacudidos por los fuertes vientos bajo el sol matutino, miraban desde los riscos cercanos.
Tres barcos de guerra españoles y una pequeña embarcación de la guardia civil se encontraban cerca.
Los seis marroquíes detenidos en el transcurso de la operación en Perejil fueron entregados rápidamente a las autoridades fronterizas de su país.
En Bruselas, el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, se abstuvo de respaldar la acción militar de España, expresando preocupación y reiterando su llamamiento a sostener conversaciones y buscar una solución diplomática a la disputa.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que ha mantenido su apoyo a España durante la disputa al instar a Marruecos a retirarse, se limitó a decir que le satisfacía el que "el status quo anterior ha sido restaurado".
Estados Unidos, por su parte, instó a España y a Marruecos a restaurar el estatus original en el islote de Perejil.
El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Mohamed Benaisa, calificó de "declaración de guerra" la recuperación del islote, pero se declaró al mismo tiempo dispuesto a volver al diálogo para resolver la crisis.
"Esta invasión representa una denigración de la legalidad internacional y es un acto reprochable que equivale a una declaración de guerra" puesto que se trata de una ocupación flagrante, afirmó.