Recientemente conocí a un grupo de personas de diferentes edades, que sin ser catedráticos en la materia no sólo conocen la historia de Panamá, sino que la viven, la disfrutan, la comparten y sobre todo, la escudriñan.
Ellos son los miembros de la Asociación Panameña de la Historia (APH), integrada por unas 250 personas enamoradas de nuestra cultura y vivencias.
En la asociación hay panameños, algunos residentes fuera del país, y aunque parezca increíble, la mayoría son extranjeros, algunos diplomáticos y otros viven aquí desde hace muchos años. Estadounidenses que decidieron quedarse luego de la reversión del Canal y que conocen la historia del país al dedillo, como estoy segura no la conocen muchos panameños.
El presidente de la sociedad es el señor John Carlson, y según nos contó, el grupo se fundó en 1986 y tiene personería jurídica.
Los miembros no son historiadores expertos, aclaró Carlson, pero en su mayoría son coleccionistas de monedas, estampillas, libros, mapas, cartas náuticas y muchos objetos relacionados con Panamá.
Se reúnen periódicamente el primer miércoles de cada mes, cita a la que invitan a una personalidad para que desarrolle un tema específico.
Según Carlson, han tenido como expositores a personajes como Ricardo Arias Calderón; Stanley Heckadon, del Instituto Smithsonian, así como a estudiantes de diferentes universidades.
En cuanto a los temas van desde las vidas de Belisario Porras, Arnulfo Arias y Omar Torrijos, hasta la biodiversidad y sus efectos en la vida de los pueblos indígenas.
Otros temas de interés son los relacionados con el desarrollo del país, y uno de los últimos es un personaje que se ha declarado nieto de Victoriano Lorenzo, quien ha conversado con ellos.
A la hora de resumir el grupo, Carlson explicó, "somos un grupo bastante abierto, interesado en todo lo que pasa frente a nosotros".
El ferrocarril de Panamá tiene 150 años de estar sirviendo al país, por lo que el grupo llevó a cabo una travesía hasta Colón.
Durante la gira el guía contó cada detalle de la construcción y operación de la vía férrea así como otros relacionados con el Canal de Panamá y su construcción.
Carlson sostiene que el ferrocarril permitió la construcción del Canal, y según los estudios que han realizado, el Canal ya existía cuando surgió la fiebre de oro en California, y no al revés como algunos afirman.
Miembros de la Asociación Panameña de la Historia (APH) recorrieron la ciudad de Colón y visitaron el monumento a Aspiwall, uno de los personajes influyentes en la construcción del ferrocarril; la estatua de Cristóbal Colón donada por los franceses; la imponente imagen de Cristo al final de calle primera , y la capilla de Cristo frente al mar, cuya construcción data desde la época del Canal.
Ávidos por conocer más sobre la historia de esta región del país, atravesamos en bus un camino tortuoso que pasa por poblados fantasmas que antes fueron bases militares y uno de los parques naturales de la costa Atlántica. Después de un accidentado viaje llegamos por fin al Castillo de San Lorenzo.
Ya en el lugar no pudimos dejar de maravillarnos por tan imponente construcción, y mucho menos al escuchar los relatos sobre su papel en la historia del país y sobre todo la llegada de los piratas al istmo.
Lamentablemente el lugar se encuentra abandonado, cubierto por herbazales, no existe un letrero que al menos indique de qué sitio se trata y cuál es su importancia histórica.
En su lugar observamos una vivienda improvisada en muy mal estado, un carro abandonado, un perro, un gato y unas cuatro gallinas, pero no había ningún guía o funcionario del Instituto de Turismo que contara la historia que vivieron los muros del castillo de San Lorenzo, mudos testigos de las batallas entre piratas y españoles.
Ojalá más panameños tengan la oportunidad de conocer la historia del país, a través de libros, o como lo hace la Asociación de Historia, conversando con historiadores, consultado a personalidades o visitando lugares de interés.
Desde el descubrimiento del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa, en 1513, tomó un nuevo ímpetu la idea de encontrar un camino que lo uniera con el Océano Atlántico.
La obra del ferrocarril se inició con trabajadores de Colombia (Nueva Granada, en esos tiempos), Granada, Jamaica y Estados Unidos, a los cuales se añadieron ciudadanos de China, India, Francia e Irlanda.
El 27 de enero de 1855 los rieles se encontraron y por fin el primer ferrocarril transcontinental del mundo había llegado a su conclusión.