Un experto en explosivos de las fuerzas de seguridad rusas murió ayer tratando de desactivar una bomba dejada a la puerta de un restaurante céntrico de Moscú por una sospechosa de pertenecer a una red de "viudas negras" chechenas en misiones suicidas de colocación de bombas.
La explosión -en la principal zona comercial de Moscú- desató temores de que el conflicto entre las fuerzas rusas y los rebeldes chechenos vuelva a las calles de la capital. El incidente también constituyó un nuevo golpe a los planes del presidente Vladimir Putin para acabar con una década de luchas en la república de mayoría musulmana.
"Tenemos información que pronto nos permitirá acorralar a este grupo que está entrenando a mujeres suicidas en el uso de explosivos y enviándolas a varias regiones de Rusia", dijo el ministro de Interior, Boris Gryzlov.
La prensa rusa llama "viudas negras" a chechenas en misiones suicidas, que aparecieron por vez primera durante el secuestro del teatro de Moscú en octubre, creyéndose que quieren vengar la muerte de sus maridos ante las tropas rusas. Una portavoz policial dijo a Reuters que la mujer llevó el miércoles la bomba en una bolsa al restaurante Imbir, en la calle Tverskaya, y amenazó con detonarla si no se la dejaba entrar.
Entonces, la mujer dejó la bolsa en el pavimento y fue detenida cuando huía. La Policía dijo que las fuerzas de seguridad no pudieron desactivar el artefacto por control remoto y explotó cuando el artificiero -uno de los que ayudó a desarmar un bomba en el lugar del atentado del concierto de rock, del sábado- lo manipulaba ante el restaurante.