Si dos de las ciudades más progresistas de Estados Unidos no aprueban un impuesto a las bebidas azucaradas sin alcohol, algunos se preguntan si la iniciativa quedará decididamente sin efecto.
Las gaseosas azucaradas han sido fustigadas durante años y muchos las culpan por las tasas crecientes de obesidad y enfermedades crónicas. Pero los esfuerzos por reducir su consumo por medio de impuestos y otras medidas han fracasado, en parte porque la industria que las produce ha invertido millones de pesos para contrarrestarlos.
Ahora San Francisco y Berkeley consideran si una botella de Dr Pepper con 64 gramos de azúcar debería ser tratada al igual que una caja de cigarrillos. Las dos ciudades californianas buscan ser las primeras en la nación en aplicar impuestos según la cantidad de onzas en las gaseosas azucaradas.
Hay mucho en juego, especialmente dada la reputación liberal de esa zona de California. Si se aprueban las medidas, Coca-Cola, PepsiCo y otras compañías temen que podrían movilizarse otros defensores de la salud en el resto de la nación. Pero de ser derrotada, la idea de un impuesto a las gaseosas azucaradas podría morir.
“La industria está realmente motivada a ganarnos aquí. Si pueden vencernos en San Francisco y Berkeley, nadie va a desafiarlos”, advirtió Larry Tramutola, consultor político que dirige en Berkeley la campaña en favor del impuesto.