Los estudiantes chilenos volvieron a protagonizar marchas multitudinarias con las que el movimiento tomó nuevos bríos, en una jornada que había sido considerada decisiva para observar su fuerza o desgaste, tras 35 manifestaciones y cuatro meses de protestas.
En Santiago, unas 100,000 personas, según los organizadores, y 60,000, según la policía, marcharon desde la Universidad de Santiago.
La marcha tuvo un carácter festivo y pacífico hasta el final, cuando unos 500 encapuchados provocaron destrozos en la vía pública, lanzaron bombas molotov y se enfrentaron a Carabineros, que emplearon gases lacrimógenos para disuadirlos.