La fecha de la elección presidencial en Estados Unidos, que cada cuatro años tiene lugar el martes siguiente al primer lunes de noviembre, fue fijada a mediados del siglo XIX por razones económicas y religiosas.
Noviembre fue elegido por consideraciones económicas. Estados Unidos era entonces una sociedad muy agraria y se trataba de evitar un periodo de fuerte actividad agrícola, como la primavera o el verano, pero también el invierno, donde los desplazamientos eran más difíciles por las condiciones climáticas.
Para el día de la elección, el domingo fue excluido, reservado para actividades religiosas, así como el sábado, destinado a deportes y cursos.
También se evitó que el día de las elecciones cayera el 1 de noviembre, día de Todos los Santos.