Las aguas desbordadas de los ríos anegaron vastas franjas del centro de Europa la semana pasada, y mataron a 91 personas en Alemania, Rusia, Austria y la República Checa. En Budapest, las autoridades húngaras esperan que los niveles de las aguas del río Danubio alcancen su punto máximo el domingo o el lunes.
En Dresde, donde amplias zonas han estado sumergidas desde el martes, el alcalde Ingolf Rossberg dijo que la ciudad enfrentaba su mayor prueba desde que aviones estadounidenses y británicos la devastaron durante la Segunda Guerra Mundial.
“Este es nuestro momento más difícil desde febrero de 1945”, dijo. “Pero ahora hay una perspectiva alentadora. El nivel del agua está disminuyendo”.
Varios comandos lanzaron explosivos desde un helicóptero para volar un pequeño transbordador de pasajeros que se había zafado de su atracadero y había quedado a la deriva, amenazando con chocar con uno de los antiguos puentes de Dresde.
En el pueblo industrial de Bitterfeld, también en el este de Alemania, miles fueron evacuados en medio de temores de un desastre ambiental si las aguas de una represa desbordada llegan a las plantas químicas cercanas.
Cerca de 8,000 personas en los alrededores del poblado de Torgau tuvieron que abandonar sus casas y miles más debían ser evacuadas alrededor de la central ciudad de Magdeburg, dijeron las autoridades. Cerca de 12.000 ya han sido evacuados en Dresde. El canciller alemán Gerhard Schroeder debe asistir a una cumbre con líderes de Austria, la República Checa y Eslovaquia hoy en Berlín. Funcionarios alemanes dijeron que el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, también asistiría.
El diario británico Financial Times dijo ayer que Prodi le prometería a Alemania más de 9,850 millones de dólares en ayuda financiera, aunque las autoridades en Bruselas y Berlín dijeron que era demasiado pronto para especular sobre una cifra. Miles de voluntarios y soldados se afanaban para lograr la vuelta a la normalidad de esta capital, al tiempo que las inundaciones cedían lentamente, revelando a su vez el daño que infligieron a la República Checa.
En algunas partes de Praga se permitió que la gente regresasen a sus casas, pero las autoridades advirtieron que era peligroso entrar en las construcciones que puedan estar dañadas.