Las elecciones de la Asamblea Nacional (AN) venezolana del domingo pueden poner sobre la mesa diferentes escenarios, algunos de los cuales podrían cambiar la dinámica política del país caribeño tal como se conoce en los últimos 15 años.
En manos de quienes obtengan la mayoría del Parlamento unicameral, de 167 escaños, recaerá el poder con el que se podría amenazar o consolidar la llamada revolución bolivariana, el proyecto político ideado por el fallecido Hugo Chávez, y liderado ahora por su hijo político, el presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Al margen de algunas listas independientes, en la liza compiten principalmente dos claros bandos. De un lado los opositores, ansiosos por hacerse un espacio dentro del poder y generar cambios políticos, pero que no han logrado mayores victorias desde que el chavismo llegó al poder en 1999.
En un primer escenario, si la oposición obtuviera la mayoría simple, que implica la mitad más uno de los 167 diputados, es decir 84 escaños, podría designar la junta directiva de la cámara, que tomará posesión el 5 de enero de 2016, y de la que nunca ha formado parte.
Es precisamente con esta mayoría que la oposición podría aprobar una ley de amnistía que extinguiría la responsabilidad penal que pesa sobre varios opositores presos, entre ellos el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, condenado a casi 14 años de prisión por la violencia de una marcha antigubernamental.
El segundo escenario es el de lograr los tres quintos de los escaños, o una mayoría calificada de 100 diputados, que permitiría aprobar un voto de censura del vicepresidente y los ministros, lo que implicaría su destitución.
El tercer escenario, el que confiere mayor poder, sería la mayoría de dos tercios de los asientos, o 111 diputados, con los que podrían llevarse a referendo aprobatorio los proyectos de ley, los tratados, convenios o acuerdos internacionales.
Esa mayoría permite igualmente destituir a los magistrados, en el caso de que cometieran faltas graves.
Embajador critica a Secretario General de la OEA
El embajador de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Bernardo Álvarez, considera que el secretario general del ente, Luis Almagro, "está desahuciado políticamente" e "inhabilitado" para hacer cualquier gestión sobre su país por su posición "sesgada".
"Tiene una posición política que asume los planteamientos de la oposición venezolana y eso lo inhabilita para hacer ninguna gestión en relación con Venezuela como secretario general", afirmó el diplomático.
"Está políticamente desahuciado, su comportamiento lo ha puesto al margen, no hay ninguna confianza, ni legitimidad, ni credibilidad para que juegue un papel en función de su cargo con los asuntos que tienen que ver con Venezuela", dijo.