Una seguridad sin precedentes rodeó ayer la participación del presidente francés, Jacques Chirac, en los actos conmemorativos del armisticio de la Primera Guerra Mundial en el Arco de Triunfo y la Avenida de los Campos Elíseos, donde hace menos de cuatro meses fue objeto de un intento de asesinato.
Hubo cacheos, detectores de metales, agentes anti-disturbios apostados cada 10 metros, de cara al público y no al cortejo como en el pasado, decenas de tiradores de elite desplegados en lo alto del Arco de Triunfo, en tejados e incluso apartamentos, y más de 2,000 policías y gendarmes movilizados, incluidos cientos de agentes de paisano diseminados entre el público.
A ese plan de seguridad extrema respondía quizás también el incumplimiento del programa: Chirac depositó con 20 minutos de adelanto el tradicional ramo de Flores en la tumba del Soldado Desconocido que en el emblemático monumento parisiense rinde tributo a todos los que dieron su vida por Francia.
De los "poilus", nombre dado a los soldados franceses que vivieron el infierno de las trincheras en la sangrienta "Gran Guerra" de 1914-18, en la que se calcula que murieron unos nueve millones de europeos, sólo quedan 68 con vida: el más joven tiene 100 años y el mayor, 108.
A la ceremonia en el Arco de Triunfo en honor de todos los que no volvieron del frente asistieron veteranos de guerra, así como el primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, y la ministra de Defensa, Michele Alliot-Marie, entre otros.