Una semana antes de la Navidad, la ciudad más grande de Alaska debería parecer un paisaje de postal y el último lugar donde alguien pudiera ver máquinas produciendo nieve.
“Queremos que Santa (Claus) nos traiga la nieve, pronto'', declaró Terry Goodwin mientras se desplazaba por una ruta de esquí a campo traviesa en Anchorage, cerca de donde unas máquinas la fabricaban.
El clásico paisaje invernal del Norte es apenas una realidad aquí debido a un persistente clima fuera de lo habitual en Anchorage, donde la nieve está 60 centímetros abajo de su nivel ordinario en esta época del año.