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Familiares de empleados de Pemex exigen respuesta

En medio del dolor y la desesperación, muchas personas acuden a las oficinas de la empresa en busca de un familiar o amigo desaparecido. Otros esperan que las autoridades forenses identifiquen los cadáveres para saber si su familiar murió o no, para luego buscar en los hospitales.


México (EFE) / EFE

En síntesis

  • Todo fue un caos, la gente estaba histérica, quería saber de sus seres queridos.
  • Mónica Durán
  • Esposa de un herido
31/113
  • Ese día a las 3:45 p.m. la tranquilidad del Distrito Federal se vio interrumpida por la explosión en el edificio de 54 pisos que alberga la empresa Petróleos Mexicanos.

Los alrededores de los hospitales y la morgue donde fueron llevados los heridos y muertos por el incidente en la torre Pemex se llenaron ayer de caras de preocupación y ojos encharcados de los familiares, que esperan la evolución de sus seres queridos o bien que les entreguen sus cuerpos para poder velarlos.

Las últimas 24 horas han sido dramáticas para los familiares de los 33 muertos y 121 heridos que ha dejado hasta el momento una catástrofe que ha conmocionado a la sociedad mexicana y que comenzó ayer a las 3:40 p.m. hora local (21.40 GMT).

Desde que vio la noticia en televisión, Mónica Durán vivió momentos complicados por no poder localizar a su esposo, Marco Antonio Sigler, que trabajaba en el edificio B2 de este complejo corporativo de Petróleos Mexicanos, donde sucedió la presunta explosión.

Tuvo la suerte de que unas horas después recibió una llamada de una enfermera que, a petición de su marido, le comunicó que estaba vivo, herido con múltiples contusiones y fracturas, en el hospital de Pemex en Azcapotzalco.

“Todo fue un caos, la gente estaba histérica, queriendo saber de su gente, en el hospital no te podían dar información, aparecían unas listas inciertas porque te decían que estaba aquí y a la mera hora no estaba y tenías que irte a otros hospitales a tratar de localizar a tu paciente”, contó esta mujer a las puertas del hospital.

Ahora su esposo se encuentra grave, pero estable y pudo contarle a su mujer sus recuerdos sobre el suceso.

“Lo único que recuerda es que estaba entrando en la oficina donde labora y hubo una explosión, se oyó un estruendo muy fuerte, voló una puerta que lo impactó contra un mueble y ahí perdió el sentido. No supo nada más hasta que estaba en la ambulancia camino del hospital”, contó.

El caos y la lenta información es una de las principales quejas de los familiares de personas como Margarita Falcón, que a dos años de jubilarse tuvo la mala suerte de “estar en el momento y lugar equivocado”, contó su sobrino Miguel Araico.

“Tuvimos que ir buscando y buscando hasta que llegamos aquí porque realmente no había mucha información, no hubo mucho apoyo, yo siento”, apuntó en las puertas del Servicio Médico Forense (Semefo), en espera de recibir el cadáver de su tía.

“Sigue en trámite, no entiendo por qué tenga que ser tan largo, porque mi tío reconoció el cuerpo en la madrugada y no nos lo entregan”, añadió.

Margarita Guevara ya recibió los cuerpos de su cuñada Graciela, de 50 años, y su sobrino Raimundo, de 33 años, y en sus brazos llevaba una bolsa con la ropa que le pondría a su “casi hermana”, una chaqueta rosa.

Madre e hijo trabajaban juntos en la torre, en el departamento de Recursos Humanos ubicado en el sótano y tras las autopsias que se han realizado a todos los cadáveres, ha podido saberse que murieron él de un infarto y ella de un golpe en la cabeza.

Otra media familia se quedó en la torre, Irving Omar Martínez y su pequeña hija de nueve años, Dafne Sherlyn Martínez, que estaba visitando a su padre en su oficina porque tenía que hacer una tarea para el colegio en la que explicara a qué se dedicaba su progenitor.

Historias tristes y duras como la de Daniel, que deja a una niña de nueve años y que, según contó su madre a las puertas del Semefo, le entregaron su cuerpo “tal y como lo sacaron de los escombros”. “No lo pude reconocer, sino por las botas que traía”, dijo.

En espera del cadáver de su hijo, en las puertas de la morgue gritaba a todos los autos fúnebres que salían con ataúdes. “¿A quién llevan?”, preguntaba, hasta que uno le respondió que sí, que llevaba a su hijo.

 

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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América