Unos modernos equipos de precisión comenzaron a operar al iniciarse la “fase decisiva”, según los expertos, de los esfuerzos para localizar a 33 trabajadores que hace diez días quedaron atrapados tras un derrumbe en una mina del norte de Chile.
Se trata del “Downhole Motor”, transportado desde Estados Unidos, que funciona con un sistema robótico, que fue incorporado de inmediato a la tarea de perforar los últimos metros que faltan para que las sondas que se han excavado desde hace más de una semana lleguen al lugar donde se supone puedan estar los trabajadores.
Dicho refugio, donde se ha dicho que había agua, oxígeno y algo de alimento, está a 700 metros de profundidad, pero también se han introducido sondas en otras direcciones para establecer una conexión con un taller de herramientas, donde también pudieron haberse refugiado los mineros tras el derrumbe del pasado 5 de agosto.
Las sondas tienen el objetivo de establecer una comunicación con los mineros, de los que nada se sabe desde el día del derrumbe, y proveerles agua, alimentos y otros materiales de auxilio, mientras se abre un túnel para rescatarlos, lo que tardaría varias semanas.