NUNCA olvidarán la primavera de 2003. Miembros de la policía política cubana irrumpieron en sus viviendas. Registraron con fervor cada aposento. Se incautaron de bienes. Arrestaron e incomunicaron a sus hijos o esposos, a sus padres o hermanos.
A las dos semanas se celebraron una treintena de juicios sumarísimos. En unas horas dictaron 75 sentencias entre 6 y 28 años de privación de libertad. Después trasladaron a los prisioneros a cárceles distantes, a cientos de kilómetros de cada hogar, en un país donde el transporte agoniza. Era sólo el principio.
El 13 de abril de 2003 aquellas mujeres vestidas de blanco se reunieron en la iglesia de Santa Rita de Casia, en el municipio capitalino de Playa, y después de participar en la misa, desfilaron por primera vez por la acera central de la Quinta Avenida.
En fechas significativas el trayecto son 800 metros de metáforas. Al comenzar la marcha silenciosa, y armadas con una flor, cruzan entre dos parques. En uno, un monumento a Emiliano Zapata, armado y con dos cananas cruzadas en su pecho guerrero. En el otro, un busto de Mahatma Gandhi, que parece contemplarlas con los ojos de soñar la realidad. La caminata concluye en una torre reloj -un Big Ben tropical. Allí retornan, con el tiempo por testigo, en un paisaje de símbolos.
Este rito dominical ha proseguido ininterrumpidamente. La oratoria de las Damas de Blanco es el más elocuente: el silencio.
Desde el génesis de aquellas jornadas de espanto obró un milagro humano. El 20 de marzo de 2003, a 48 horas de las primeras detenciones, Reporteros Sin Fronteras, la Sociedad Interamericana de Prensa, el Comité de Protección a los Periodistas, 43 parlamentarios suecos de siete partidos, el gobierno de Estados Unidos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, condenaron aquel ímpetu represivo. Al día siguiente, Human Rights Watch exigió la libertad de los arrestados.
La Unión Europea y su Parlamento, el gobierno de Canadá, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y el Vaticano se unieron al clamor justiciero, seguido por varias naciones latinoamericanas.
La narración es del periodista independiente cubano Ricardo González Alfonso, presidente de la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling y director de la revista De Cuba en La Habana, quien fue uno de los condenados a 20 años de cárcel en aquella ola represiva contra la libertad. Su testimonio logró salir de la prisión y ser transmitido fuera de Cuba por vía telefónica. Hoy aparece publicado en Internet en el sitio Cubanet ( www.cubanet.org ).
Pero en las cárceles cubanas continúan encerrados muchos otros periodistas independientes, presos de conciencia, que también claman al mundo por libertad con relatos más íntimos, aunque no menos impactantes.
Uno de ellos es el de Manuel Vázquez Portal, condenado a 18 años de prisión, desde la Cárcel de Boniato en Santiago de Cuba, quien le escribe a su hijo: "Yo no estoy triste, porque te tengo, y tengo a esa bondad y reciedumbre que es tu mamá. Somos inderrotables, contra el amor todo mal se estrella. No estés triste.. Juega, ríete, estudia mucho. Los libros son el mejor bálsamo para las heridas, la sabiduría que alcances en ellos te hará bello y fuerte, probo y justo..
La tragedia cubana y la historia de Fidel, desde que tomó el poder, son la misma cosa. Son indisolubles.
Prueba de ello es que la organización defensora de los derechos humanos, Amnistía Internacional, ha venido haciendo campaña a lo largo de los últimos 40 años contra las violaciones de derechos humanos cometidas por el gobierno de Cuba, en particular contra el encarcelamiento de disidentes políticos y periodistas como consecuencia de las duras restricciones impuestas a la libertad de expresión, de asociación y de reunión.
La Organización de Estados Americanos ( OEA ) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han recibido reiterados informes de las más diversas fuentes que cuantifican el drama cubano en sus últimos 48 años, incluído en último, en que Fidel pasó a su hermano la batuta, pública al menos.
Esos informes han dado cuenta de que durante las cuatro últimas décadas han sido fusilados más de 44, 700 cubanos y cubanas, mientras que por sus cárceles han pasado más de 475, 000 presos políticos y todavía quedan en ellas más de 2, 800. (Archivos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA )
Amnistía Internacional (AI) también ha denunciado duras restricciones a la libertad de expresión y de asociación que afectan a miles de personas en toda Cuba.
En Cuba dice la organización--, todos los medios de comunicación impresos y audiovisuales están bajo el control del Estado. Además, el acceso a Internet está gravemente limitado fuera de las oficinas gubernamentales y las instituciones educativas.
Disidentes y detractores del régimen, incluidos periodistas, son a menudo encarcelados y privados de libertad, algunos bajo la acusación de "peligrosidad predelictiva".
Amnistía Internacional advierte que en 2006 se observó un aumento de los actos de hostigamiento e intimidación contra periodistas y bibliotecarios independientes.
Por ejemplo, entre enero y agosto de 2006, el periodista Guillermo Fariñas protagonizó una huelga de hambre intermitente para obtener acceso a Internet. No lo consiguió.
Armando Betancourt Reina, periodista autónomo, fue detenido el 23 de mayo de 2006 cuando tomaba notas y fotografías de unos desalojos de viviendas en la ciudad de Camagüey. Se lo acusó de alterar el orden público.
Según la información recibida por Amnistía Internacional, Armando Betancourt estuvo una semana recluido en régimen de incomunicación en la comisaría de policía antes de su traslado a la prisión de Cerámica Roja, en Camagüey, el 6 de junio de 2006.
Al menos 67 presos de conciencia personal docente, periodistas y defensores de los derechos humanos detenidos por sus actividades pacíficas permanecen privados de libertad en cárceles de toda Cuba tras haber sido juzgados sin las garantías que exigen las normas internacionales.
Amnistía Internacional (AI) está estudiando en la actualidad decenas de casos de presos que también podrían ser considerados presos de conciencia.
Trece personas, entre hombres y mujeres, están cumpliendo pena fuera de cárcel debido a problemas de salud.
En 2006 se puso en libertad solamente a un preso de conciencia.
Orlando Zapata Tamayo, albañil y fontanero, había sido detenido en La Habana el 20 de marzo de 2003 cuando participaba en una huelga de hambre en la Fundación Jesús Yánez Pelletier para reclamar la liberación de Oscar Biscet y otros presos políticos.
Fue condenado a tres años de cárcel en 2003 por "desprecio a la figura de Fidel Castro", "desorden público" y "resistencia". En noviembre de 2005 le fueron impuestos otros 15 años de prisión por "desacato" y "resistencia" en el centro penitenciario. En mayo de 2006 fue enjuiciado de nuevo por los mismos cargos y condenado a una pena adicional de siete años. Actualmente cumple una pena de 25 años y 6 meses de cárcel.
AI, recibe a diario informes de disidentes políticos, periodistas independientes y detractores que están siendo detenidos por participar en actividades disidentes o informar sobre la situación de los derechos humanos en Cuba y enviados a prisión, donde se encuentran en espera de juicio. En algunos casos tienen que esperar durante meses e incluso años, mientras que en otros son juzgados y condenados al cabo de unos días.
El preso de conciencia Julio César López Rodríguez, vicepresidente del Frente Línea Dura y director de una biblioteca independiente, fue detenido el 22 de julio de 2005 cuando trataba de participar en una manifestación pacífica ante la Embajada de Francia.
Lleva muchos años haciendo campaña en favor de la reforma política y la defensa de los derechos humanos, y en su biblioteca albergaba libros contra el totalitarismo. Está privado de libertad sin cargos ni juicio.
Hay decenas de personas en toda Cuba privadas de libertad sin cargos, y en algunos casos sin juicio, por sospecharse su participación en actividades contrarrevolucionarias o bajo acusaciones poco claras.
El preso de conciencia Emilio Leyva Pérez, presidente del Frente Línea Dura y delegado de la Asamblea para promover la Sociedad Civil, fue detenido el 13 de julio de 2005 cuando participaba en un acto pacífico celebrado en La Habana. Está privado de libertad sin cargos ni juicio.
Esta no es historia nueva en Cuba.
Ya en los primeros días de enero de 1959 a las pocas fechas del arribo de Fidel Castro a La Habana, el entonces imperioso comandante organizó espectaculares juicios públicos en el estadio de la capital. No eran en modo alguno procesos regulares por muy evidente que fuese la culpabilidad de los acusados. Por ejemplo, Raúl Castro hoy relevista del poder heredado por su hermano-- dispuso, el 5 de enero de 1959, en Santiago de Cuba, la condena a muerte de 60 prisioneros en juicio sumarísimo, sin el menor asomo de proceso formal.
Fueron ametrallados por soldados al mando del propio Raúl y enterrados con una máquina excavadora, según la indignada descripción del entonces embajador estadounidense Philip W. Bonsal.
Por cierto que las penas de muerte se ejecutaron, en su mayoría, en la fortaleza de La Cabaña bajo el mando del Ché Guevara y Raúl Castro.
En abril de 1959, durante su gira por Estados Unidos, Castro reconoció. Tendremos que .. suspender las ejecuciones. En ese momento el número de ejecutados, a contar desde la victoria de la revolución, era de 521 personas. A finales de 1959 sería un total de unos 1, 900 según manifestó uno de los partidarios de Castro. El propio líder reconoce unos 550 delincuentes ajusticiados, fusilados.
A Raúl Castro se le consideraba el estalinista entre los dirigentes de la revolución. Lo juzgaban poco brillante, intransigente e inflexible, de ahí que le pusieran el apodo de Casquito.
En mayo de 1960, los medios críticos fueron silenciados uno tras otro. Se cerraron o requisaron los periódicos y las emisoras de radio y televisión.
Desde entonces, sin embargo, se han escuchado voces como las de Manuel Vázquez Portal, como cuando, desde prisión, le dice a su hijo:
Pero no estés triste, que tu poesía sea como un dulce látigo cayendo sobre el lomo fiero de quien te provoque el dolor, y como una caricia a los oídos de quien te ama. La poesía es tralla y flor. Ojalá sólo tengas que usarla como flor, por ello lucharé sin cansancio.
Fidel: 81 años de vida y 48 de opresión
Un año ha transcurrido desde que Fidel Castro dejó en manos de su hermano Raúl el poder para mantener el orden en Cuba y que las directrices trazadas desde que asumieron el poder continúen sin quebrantarse.Quienes han padecido en manos del r'e9gimen castrista procuran que el mundo no olvide a los presos polticos, a los que han sido encarcelados sin un juicio justo, que escuchen la voz de aquellos que no tienen esperanzas y que buscan que se haga algo para que en Cuba haya una luz de esperanza.