La comunidad cristiana de Tierra Santa y miles de peregrinos venidos de todo el mundo festejan hoy la Navidad tras la Misa del Gallo celebrada anoche en Belén, oficiada por el Patriarca Latino, monseñor Fuad Twal.
El jefe de la Iglesia católica en Tierra Santa concelebró la misa en la iglesia franciscana de Santa Catalina en Belén, contigua a la Basílica de la Natividad, levantada sobre el lugar donde la tradición sitúa el nacimiento de Jesús.
En su homilía, el patriarca hizo un llamamiento en favor de la paz en la región, en presencia del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, su primer ministro, Salam Fayad, y altos dignatarios.
Peregrinos y turistas visitaron hoy los santuarios en la ciudad cisjordana de Belén y la israelí de Nazaret, donde se oficiaron misas de Navidad en medio de un ambiente festivo, que contrasta con las poblaciones mayoritariamente musulmanas y judías de la zona.
La Basílica de Natividad, custodiada por la Iglesia Ortodoxa, alberga una gruta que marca el lugar donde se cree estuvo el pesebre donde se alojó la sagrada familia al nacer Jesús.
Y en la de la Anunciación en Nazaret, el templo cristiano más grande de Oriente Medio, se venera un pozo de agua donde, según la creencia, la Virgen María recibió el anuncio del nacimiento de su divino hijo por boca del arcángel Gabriel.
Twal, de 68 años y origen jordano, recientemente nombrado por el Papa Benedicto XVI, deseó en varios idiomas a los fieles una feliz Navidad y próspero año nuevo "llenos de paz, seguridad y acuerdo".
"Estamos buscando la paz que hemos perdido, la paz que devuelve a la humanidad su dignidad, que ha estado ausente en los últimos años y se ha mezclado con sangre", pronunció el patriarca durante el oficio de Nochebuena.
También tuvo palabras para referirse al muro de hormigón construido por Israel y que rodea Belén por tres lados, del que manifestó: "sea lo alto que sea, nunca traerá seguridad".
La población cristiana de la ciudad que vio nacer a Jesús ha menguado de manera drástica en las últimas décadas, convirtiéndose en una minoría de entre el 35 y el 50 por ciento de los 40.000 habitantes de Belén, en comparación con el 90 por ciento que representaba en los años cincuenta del siglo XX.