Por primera vez en la historia del arte surge una generación internacional de especialistas preparada para luchar contra el robo, la falsificación, la aniquilación y el comercio ilegal de obras de arte y patrimonio cultural, una red de "superagentes" que forma la asociación ARCA.
La Association for Research into Crimes against Art (ARCA, en sus siglas en inglés) nace con el propósito de perseguir casos de sustracción y falsificación de piezas de arte, vandalismo contra el patrimonio cultural y expoliación de obras en guerras y yacimientos, explicó su fundador, Noah Charney, en declaraciones a Efe.
ARCA selecciona y educa a esos expertos, que deberán de saber desde criminología a historia del arte, conocer la situación del mercado del arte, las claves de la museología, la legislación en materia de arte o cómo operan las fuerzas de seguridad, explica el experto.
El objetivo de ARCA no es el de pertenecer a una agencia de seguridad u organismo concreto, a pesar de que colabora con fuerzas de seguridad en investigaciones mundiales de cualquier tipo de delito contra el patrimonio artístico y cultural.
La educación de esa élite está llevándose a cabo discretamente en el postgrado creado hace tres años por ARCA. El amplio rango de disciplinas que estudian corre a cargo de miembros de la asociación ARCA (www.artcrime.info), ex directores de agencias de seguridad como Scotland Yard, ex cargos políticos y fiscales en activo, entre otros.
Italia es la cuna de esta red y donde se imparte ese máster "por lógica", ya que es el país que alcanza una tasa anual de robos de obras de entre 20.000 y 30.000, es decir, "cinco veces" más que la media mundial, con excepción de Rusia, comenta Charney, que debutó como novelista con "El ladrón de arte", publicada en español en 2007.
Charney advierte que ese prototipo de investigador docto en varias disciplinas no lo reúne ni el cuerpo de la policía, ni los académicos, ni los expertos del mundo del arte.
Las obras de arte -explicó Charney- son habitualmente utilizadas por bandas de delincuentes profesionales en sus negocios con drogas o armas, es decir, es habitual que paguen un cargamento de cocaína o kalashnikovs con un cuadro de un pintor famoso.
De manera que lienzos sustraídos de autores como Picasso, Matisse, Van Gogh, Rembrant, Sorolla o Cézanne pueden llegar a manos de terroristas que operan en el Norte de África u Oriente Medio, como ya ocurrió cuando estaba operativo el IRA.