Una masiva concentración clamó ayer en el centro de La Paz por la renuncia del presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, horas después de que líderes opositores rechazaron sus propuestas para poner fin a cuatro semanas de violencia que han dejado más de 70 muertos.
Decenas de miles de manifestantes, en la mayor movilización urbana desde el estallido de la crisis, se congregaron en la céntrica Plaza de San Francisco gritando al grito de "fuera Goni", apodo del asediado mandatario.
Una gigantesca marcha descendió los 400 metros de altitud que separan La Paz de la contigua ciudad de El Alto, a 4,080 metros sobre del mar, coreando "Goni al paredón" y "Goni asesino", según relató un corresponsal de Reuters.
El presidente, acosado por la peor revuelta popular en 21 años de democracia continua y sin golpes de Estado en Bolivia -sin precedentes a lo largo de su historia- prometió el miércoles por la noche varias medidas como salida a la crisis.
Pero los líderes de las protestas que exigen desde el 15 de septiembre la renuncia del presidente, rechazaron ayer las iniciativas. "Todo lo que anunció el presidente es muy turbio (...) pero ya es muy tarde: el mandato de las bases es que éste carnicero renuncie", declaró el diputado indígena Felipe Quispe a cadenas radiales.
Sánchez de Lozada había anunciado un referendo consultivo sobre las cuestionadas exportaciones de gas; la revisión de las leyes que abrieron el estratégico sector de hidrocarburos al capital privado, nacional y extranjero, y la convocatoria a una Asamblea Constituyente para acometer reclamadas profundas reformas constitucionales.
El presidente declaró ayer a una cadena latinoamericana de radio que cumplirá su compromiso constitucional de preservar la democracia y el orden público de Bolivia, pese a la actual situación que describió como "gravísima". Pero reiteró que nada, salvo "un acto de Dios", lo hará abandonar el cargo.
"Lo que quiere el presidente es tomar el pelo al pueblo", respondió por su parte ayer en entrevistas desde Cochabamba, su bastión político en el centro del país, el diputado indígena, líder cocalero y principal opositor parlamentario Evo Morales. "Goni está con el cuello en el suelo, lo que falta es apretarlo", aseguró, parafraseando un dicho indígena, al reafirmar que "la renuncia del criminal Sánchez de Lozada es lo único que aceptará el pueblo".
Las manifestaciones por la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada arreciaban ayer en el interior de Bolivia, especialmente en Cochabamba, mientras el epicentro de las protestas seguía siendo La Paz.
Casi un centenar de intelectuales, políticos, artistas, sacerdotes e incluso la presidenta de una organización de lesbianas y prostitutas, María Galindo, se sumaron a estas huelgas comenzadas tras las decenas de muertes que provocó la violenta represión de las protestas que pedían modificar las políticas sobre el gas.
Además de varias iglesias en La Paz, otros grupos de ayuno estaban siendo instalados en otras ciudades del interior como Cochabamba, Potosí, Tarija y Santa Cruz. Fuera de La Paz, sede del gobierno, las mayores protestas estaban radicadas por segundo día consecutivo en la central ciudad de Cochabamba, donde los dirigentes denunciaron la detención de 20 estudiantes.
Un masivo mitin de protesta compuesto mayoritariamente de cocaleros y estudiantes transcurrió de modo pacífico sin intervención policial aunque la ciudad permanecía paralizada, tachonada de barricadas, como efecto de la huelga nacional ordenada por la Central Obrera Boliviana.
Las autoridades habían decidido la suspensión preventiva de labores escolares y flexibilizado los horarios laborales. Una agremiación de empresarios locales denunció que Cochabamba, que permanece con sus rutas de salida interrumpidas por bloqueos de indígenas, pierde por cada día de conflicto unos 2 millones de dólares.
A 200 km de Cochabamba, en la región de productores de coca del Chapare, bastión del líder opositor Evo Morales, miles de campesinos se disputaban el control de una ruta troncal que une el este con el oeste de Bolivia.
Los cocaleros han olvidado por el momento su reiterado reclamo por el derecho de sembrar coca y lo sustituyeron por la exigencia de la renuncia de Sánchez de Lozada y su reemplazo por el vicepresidente Carlos Mesa, quien el lunes rompió con el primer mandatario.
Las autoridades chilenas coordinaban ayer un operativo para rescatar a casi una treintena de chilenos atrapados en Bolivia, impedidos de regresar a Chile por la convulsión social que agita a ese país. La idea es contar con la ayuda de la Cruz Roja Internacional a fin de crear una cadena humanitaria que pueda llevar a los chilenos hasta la frontera vía terrestre, para ser rescatados desde ahí, según explicó la diputada Rosa González, que coordina las acciones.
La parlamentaria, representante de la fronteriza ciudad de Arica, 1,650 km al norte de Santiago, manifestó que la situación de los chilenos aislados "es caótica y en estos momentos, sólo les queda esperar que desde Chile les llegue ayuda, ya que incluso no les queda dinero ni comida para resistir por muchos días más".
Dos helicópteros brasileños se encuentran en Corumbá (centro oeste), cerca de la frontera con Bolivia, y otro avión se halla en Campo Grande (sudoeste), listos para ir al rescate de 53 turistas brasileños bloqueados en La Paz, indicó ayer un portavoz de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB). "Hay dos helicópteros en Corumbá y está llegando un Hércules C-130", informó por teléfono a la AFP el portavoz.
"Hay otro avión en Campo Grande", capital del Estado de Mato Grosso do Sur, añadió. Por su parte, el gobierno argentino considera que "existe consenso entre los países de la región para que en caso de un golpe de Estado en Bolivia el país andino quede aislado", sostuvo ayer un portavoz gubernamental en declaraciones a la prensa en la Casa Rosada.
El vocero presidencial, Miguel Núñez, indicó además que el mandatario Néstor Kirchner está analizando toda la información sobre la situación en Bolivia que fue compilada por la Cancillería y sostuvo que "luego tomará una decisión".