Mientras trata de recuperarse de una de las peores masacres de la historia de Estados Unidos, la pequeña ciudad de Newtown comenzó la triste y difícil tarea de enterrar a los más pequeños fallecidos en el tiroteo con los funerales de Jack Pinto y Noah Pozner, ambos de seis años.
Los habitantes de Newtown volvieron a mostrar su incondicional apoyo a las familias de las víctimas reuniéndose masivamente a las afueras de la casa de funerales Honan, donde se llevaba a cabo un servicio en memoria del pequeño Pinto, un fanático del jugador de fútbol americano Víctor Cruz, de los New York Giants.