El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, pidió perdón por el asesinato, el 24 de marzo de 1980, del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, y dijo que los escuadrones de la muerte que lo perpetraron “actuaron bajo la cobertura, colaboración, aquiescencia o participación de agentes estatales”.
“En estas circunstancias y en calidad de presidente de la República, pido perdón en nombre del Estado salvadoreño por ese magnicidio perpetrado hace 30 años”, afirmó Funes durante un acto oficial.
El gobernante pidió perdón a la familia de Romero, a la que expresó sus “más sinceras condolencias” y su respaldo “incondicional en su lucha por el esclarecimiento de la verdad”.
Gaspar Romero, hermano del prelado, aceptó el pedido de perdón de Funes.
El mandatario, el primero de izquierda en la historia salvadoreña, reconoció que Romero “fue víctima de la violencia ilegal que perpetró un escuadrón de la muerte”.
“Este tipo de grupos armados ilegales ejercieron el terror de manera generalizada entre la población civil durante aquellos años aciagos, dejando tras de sí miles de víctimas. Dichos escuadrones de la muerte, lamentablemente, actuaron bajo la cobertura, colaboración, aquiescencia o participación de agentes estatales”, añadió.
Recordó que los integrantes del “grupo violento” que consumó el asesinato “han sido ya identificados por instancias internacionales, tanto el sistema de Naciones Unidas, como del Sistema Interamericano de Derechos Humanos”.
“Nuestro Gobierno aceptó la validez jurídica de estos informes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por lo que resulta inobjetable nuestro reconocimiento oficial a la verdad en el caso del magnicidio de monseñor Romero”, afirmó Funes.
Según la Comisión de la Verdad que investigó los crímenes durante la guerra civil en El Salvador (1980-1992), “existe plena evidencia” de la participación del ya fallecido Roberto DAubuisson, fundador de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), partido que gobernó el país entre 1989 y junio de 2009.
La Comisión determinó que DAubuisson “dio la orden de asesinar al arzobispo” e “instrucciones precisas” a miembros de su entorno de seguridad, actuando como “escuadrón de la muerte” para “organizar y supervisar el asesinato”. Amado Antonio Garay fue el conductor que llevó al pistolero hasta la capilla.