Gran Bretaña echó ayer un balde de agua fría el nuevo gobierno argentino, que intentaba reabrir las discusiones sobre la soberanía de las islas Malvinas, llamadas Falklands por los británicos.
El canciller argentino, Rafael Bielsa, le dijo a un comité especial de la Asamblea General de la ONU que la Constitución establece que su gobierno debe reclamar la soberanía sobre las remotas islas del sur del Atlántico.
Buenos Aires quería resolver la disputa pacíficamente, mediante negociaciones directas con Londres.
Pero un portavoz de la cancillería de Londres dijo ayer: “El tema de la soberanía no será discutido”.