EL PRESIDENTE boliviano, Evo Morales, inicia un gobierno con gran respaldo popular e internacional, pero también como máximo dirigente del país más pobre de Sudamérica, lo que le plantea grandes retos para poder cumplir sus promesas.
Para los analistas, el romance de Morales con el pueblo puede tener un punto de inflexión, dada la singularidad de Bolivia y sus dificultades para gobernarla, con un rosario de dictaduras, juntas de Gobierno, triunviratos, presidentes sin concluir su mandato y golpes de Estado, sin contar los alzamientos militares frustrados.
Los fríos cálculos matemáticos arrojan que en 180 años de vida republicana el promedio de cada gobierno en Bolivia fue de 25 meses.
Morales recibe un país con un bajo nivel de productividad, tecnología obsoleta de hace 40 ó 50 años, una economía basada en los recursos naturales, de los cuales se exporta sólo materia prima, y un comercio exterior con pocos productos y menos mercados.
Aún así, el nuevo presidente socialista es optimista y promete cambiar esa herencia de los gobiernos de los últimos 20 años, con políticas que permitan rescatar al poder Ejecutivo de los agentes externos a los que, en su opinión, ha estado sometido.
Como tarea inmediata creará un Ministerio del Agua, repondrá los de Justicia y Planificación Económica, en un arranque que supondrá "el año cero" de una nueva era alejada de la política tradicional, según ha anunciado.
Evo Morales tiene a su favor el respaldo de más de un millón y medio de ciudadanos que votaron por él y que están dispuestos a acompañarlo en su gestión ajustándose aún más el cinturón a la espera de tiempos mejores.
Su origen de luchador social, en una sociedad que históricamente ha excluido a la mayoritaria comunidad india, es su mejor carta de presentación.
El analista y escritor Eusebio Gironda, quien prepara una biografía de Evo Morales, califica al nuevo mandatario de gran dirigente e incluso apuesta porque puede convertirse en un gran estadista.
Su permanencia a la cabeza del Ejecutivo dependerá de sus obras y del cumplimiento de sus promesas electorales, y también de marcar una diferencia respecto a los gobiernos tradicionales.
Grandes retos para Evo Morales
Los indicadores macroeconómicos con los que Bolivia cerró el 2005, señalan un crecimiento del 3.9% y un déficit fiscal de apenas del 1.5% del Producto Interno Bruto (PIB), frente al 5.5% obtenido en el 2004, aún así las cifras son alentadores.