EL PRÓXIMO 15 de julio, los jefes de Estado y de Gobierno de las ocho principales potencias económicas del mundo, o Grupo G-8, se reunirán en la ciudad rusa de San Petesburgo, para tratar los graves problemas que afectan a la humanidad.
En Rusia se analizará la crisis energética causada por la subida del precio del petróleo, la amenaza del terrorismo internacional, el incremento desmedido de la pobreza y la colaboración para frenar la proliferación de armas de exterminio masivo.
El Grupo de los Ocho ha sido reiteradamente cuestionado por no haber demostrado capacidad de acción frente a las situaciones sensitivas de la economía mundial.
Sin embargo, esta vez, la cumbre en Rusia parece tener más motivaciones pragmáticas y se hace imperante combatir el financiamiento del terrorismo.
Casualmente, durante la pasada Cumbre de Glenables en Reino Unido, el mundo quedó horrorizado por los atentados terroristas que organizaron simpatizantes de la red Al-Qaeda en Londres, el 7 de julio de 2005.
Tony Blair, primer ministro británico, tuvo que cambiar toda la agenda para hacer honores a las víctimas y enfrentar las consecuencias de los bombazos dinamiteros en el subterráneo de la capital inglesa.
Sólo en una de las conferencias que precedieron a la Cumbre de San Petesburgo, ya se hizo énfasis en la urgencia de cortar el financiamiento que hacen los diferentes grupos de beneficencia en Medio Oriente, Europa y Asia al terror, cuyas cifras rondarían los exorbitantes 77,000 millones de dólares.
Los antecedentes del G-8 vienen desde 1975. Anteriormente se denominaba Grupo de los Siete (G-7), compuesto por Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Japón y Alemania.
El mismo había sido creado para discutir informalmente cuestiones políticas y económicas entre los líderes de los más poderosos estados capitalistas.
Rusia entró en 1998 al G-8 y para los analistas, esta potencia fue aceptada por su vasto arsenal nuclear y sus enormes recursos naturales (puesto que sólo en 2004, Rusia era apenas decimosexta economía del mundo, y China no ha sido invitada al grupo, que es actualmente la sexta economía global).
Moscú ha quedado al margen del debate de los temas económicos y financieros, al no pertenecer aún a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Se espera que en San Petesburgo, los rusos logren "romper el hielo" y tener la ocasión propicia para ser integrada en el club de las naciones comerciales más importantes.
El Grupo de los Ocho no tiene estatus jurídico, existe fuera de cualquier marco democrático y se concentra en el desarrollo económico como elemento determinante de enfrentar los problemas del mundo.
La carrera armamentista y la posibilidad de que las armas no convencionales caigan en manos de los terroristas, es una pesadilla que no deja dormir a los militares y expertos en geopolítica de la actualidad.
Esta vez, el protagonista de la cumbre en San Petesburgo será el presidente Vladimir Putin. Impulsando el pleno reconocimiento de Rusia como miembro del G-8, el mandatario ruso ha propuesto la imperiosa necesidad del desarme de las grandes potencias mundiales, paralelamente al combate del terrorismo.
En el Grupo de los Ocho tradicionalmente se presta atención elevada a los temas de la No-Proliferación de armas de exterminio. Rusia, que preside ahora el G-8, ha sugerido que "es necesario hacer nuestro mundo más seguro, reduciendo el riesgo de las armas atómicas".
Putin tiene la intención de que en San Petesburgo se acelere la iniciativa de controlar la proliferación nuclear, propuesta en 2002 en la conferencia de Kananaskis, Canadá.
Se trata de la asignación de 20,000 millones de dólares durante 10 años, en primer lugar para la reutilización de los submarinos atómicos retirados (SAR), la destrucción de las armas químicas, la reutilización de los materiales fisionables y la colocación de los científicos armeros.
Según el mandatario ruso, "Rusia heredó de la otrora Unión Soviética varios problemas bastante complicados" como la gran cantidad de armamento táctico que no se usa, que está almacenado y debe ser destruido.
Hoy en día, la colaboración global rinde frutos a Rusia pero hay que hacer más para evitar que esas armas caigan en manos peligrosas. Durante los años 2002 -2006, Moscú recibió 687 millones de dólares para salvar sus submarinos y destruir las armas químicas obsoletas.
También los ministros de Finanzas del Grupo de los Ocho constataron en San Petesburgo que se mantiene el elevado ritmo de crecimiento de la economía mundial, pero que hay riesgo de que disminuya por los "altos y volátiles precios de la energía y los desequilibrios globales".
Este diagnóstico consta en la breve conferencia en la antigua capital imperial rusa, a la que asistieron como invitados los ministros de Finanzas de China, la India, Brasil, Australia, Corea del Sur y Nigeria.
El crudo y la necesidad de obtener nuevas fuentes de energía son factores que igualmente analizará el G-8 en San Petesburgo.
El petróleo, que hoy cuesta unos 71.63 dólares el barril, es quizás el péndulo desestabilizador del crecimiento económico, no únicamente en las grandes potencias, sino también en los mercados emergentes como China Continental, India y América Latina.
Rusia ha propuesto no descartar del todo la utilización de la energía nuclear, para reemplazar el crudo.
Grupo de los Ocho en Rusia: la cumbre de los gigantes
El G-8 ha sido cuestionado por no tener capacidad de acción ante los problemas globales.