Haití celebra el 1 de enero el bicentenario de una independencia gloriosa lograda en 1804 contra las tropas de Napoleón Bonaparte, pero dos siglos más tarde, es uno de los países más pobres del planeta y está destrozado por una feroz crisis política marcada por la violencia.
Están previstas varias ceremonias en Puerto Príncipe y en Gonaives (noroeste), donde se declaró la independencia, y el jefe de Estado haitiano, Jean Bertrand Aristide, invitó a todos los dirigentes del mundo a asistir.
Sin embargo su desarrollo dependerá de las condiciones de seguridad, las cuales han sufrido un drástico deterioro en los últimos meses, paralelamente a una multiplicación de manifestaciones que reclaman la renuncia del presidente.
Hoy en día, el país más pobre del continente americano, con 8.3 millones de habitantes, conjuga todos los aspectos del subdesarrollo: drama demográfico con 2.3% de crecimiento anual de la población, un pésimo sistema de salud con un porcentaje de enfermos de SIDA muy alto entre la población, una cobertura médica deficiente y tasas de mortalidad infantil y materna muy elevadas.
A nivel social, más de dos tercios de la población vive en la miseria y a nivel ecológico menos de 3% de la vegetación original subsiste.
Desde 1804, casi todos los jefes de Estado haitianos, incluso aquellos democráticamente electos, han tenido la voluntad de perpetuarse en el poder por la fuerza. Esa característica sumada a las sangrientas luchas internas han hipotecado el desarrollo del pequeño país.