El Hospital Mohamed V de Alhucemas recibió ayer a seis personas rescatadas vivas tras pasar dos días enterradas bajo las ruinas de sus viviendas, pese a que las autoridades autorizaron ayer el uso de palas excavadoras en las labores de desescombro al darlo todo por perdido.
Según informaron ayer a EFE fuentes de dicho centro, sólo una de las personas rescatadas, un joven, presentaba heridas de cierta consideración por aplastamiento de ambas piernas, mientras que el resto se encontraba "bastante bien".
Representantes de Bomberos en Acción desplazados desde Cartagena informaron que ha sido "un error" emplear excavadoras en las labores de desescombro, ya que "tras sólo dos días aún hay posibilidades de encontrar a gente con vida"
Tras trabajar en Imzara, el segundo núcleo poblacional de Alhucemas y el más castigado por el terremoto, donde balizaron zonas peligrosas, estos bomberos se dirigieron a Tamazigth, una zona rural en la que recuperaron el cuerpo sin vida de una niña de un año y medio.
"Allí hay construcciones de adobe derribadas con personas debajo, según sus familiares", apuntaron los bomberos, quienes señalaron que en esa zona será difícil encontrar a alguien con vida debido a que "el adobe se deshace y no deja huecos para respirar".
En Imzuren, localidad a unos 12 kilómetros de Alhucemas que fue la más afectada por el primer terremoto (en la madrugada del martes), miembros del Ejército y de Protección Civil de Marruecos se afanan en la instalación en un descampado de decenas de "jaimas" (tiendas) de plástico verdes y amarillas.
En ellas se hacinan las familias que han perdido sus casas o no quieren regresar a ellas por miedo a que se les caigan encima.
Son insuficientes para todos, por eso se producen discusiones para recibir un número preferente en las listas de registro mientras otros optan por intentar construir sus propios refugios con frágiles plásticos en las lindes de las carreteras, los campos e incluso calles y plazas de la ciudad de Alhucemas.
Tortas de pan han constituido hoy el principal alimento de muchos de los damnificados por el terremoto, quienes, desde lejos, señalan las grietas que han aparecido en sus casas y por las que no se atreven a volver.
Hasta el momento, las cifras oficiales hablan de 571 muertos y 405 heridos. Alrededor de los montones de escombros en los que trabajan los bomberos se arremolinan decenas de personas, pero no son ellas, sino las continuas réplicas que amenazan con derrumbar los maltrechos edificios que quedan en pie, las que entorpecen su trabajo.
El Instituto Geográfico Nacional de España informó de que hasta ayer se habían producido entre 140 y 160 réplicas del primer terremoto, que tuvo una magnitud de 6.1 grados en la escala de Richter.
El temblor de 5.1 grados registrado a las 6.21 horas de ayer, el que le sucedió a las 13.44 horas, de 5.2 a 23 kilómetros de Alhucemas y otro sentido esta tarde obligan a los bomberos a abandonar sus labores y salir corriendo junto a una muchedumbre aterrorizada.
Los habitantes de Imzuren han aprendido a no caminar bajo las cornisas de los edificios, a advertirlo a quienes se descuidan y a mantener un continuo estado de alerta que algunos interrumpen sólo para arrodillarse a rezar a Alá y pedirle que no se repita la tragedia.
Ayer se recuperaron en esta localidad tres cadáveres que fueron recibidos con llantos y escenas de intenso dolor por sus familiares, especialmente el de un hombre, cuya mujer y doce hijos se salvaron y aún no entienden por qué regresó a la casa "a recoger algo" cuando ésta se tambaleaba, narró a EFE desconsolado el más pequeño, Balazzont Mehamed.
En tanto, unos 200 marroquíes se manifestaron ayer pacíficamente en la carretera que conduce al aeropuerto de Alhucemas para reclamar que se les entreguen tiendas de campaña, mantas y material con el que poder refugiarse de la lluvia y pasar la noche.
La ayuda humanitaria ofrecida a Marruecos por la comunidad internacional a raíz del terremoto, ha comenzado a afluir a las zonas afectadas.
El aeropuerto de Alhucemas registró ayer un tráfico incesante de aviones que transportaban socorristas, especialistas de la protección civil y ayuda humanitaria procedentes de distintos países.
Los primeros en llegar fueron los aviones de los países de la cuenca mediterránea, entre ellos España, Francia, Italia, Portugal y Argelia, así como de otros países europeos como Bélgica.
Los aviones transportaban tiendas de campaña, mantas, alimentos y medicinas que serán repartidos entre las decenas de miles de damnificados por el terremoto.
Por su parte, Estados Unidos decidió enviar una ayuda de emergencia en forma de productos y equipamientos de primera necesidad a Marruecos, tras el sismo que golpeó a una región del nordeste del país.
Esta ayuda incluye entre otras cosas 10,000 mantas, tiendas de campaña, bombas de agua y otros equipamientos, indicó el ministerio de Relaciones Exteriores estadounidense en un comunicado.
Ayer también las autoridades españolas han mandado a la zona dos aviones del Ejército del Aire, que transportan personal y material para participar en las labores de rescate, además de ayuda humanitaria.